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PUNTO final al Día de Villalar más político y reivindicativo de los últimos años, que curiosamente coincide con uno de los de menor afluencia de público, será por aquello del jugoso puente. Hasta la campa se desplazaron los pensionistas, las plataformas de Sanidad, los trabajadores de Made en Medina del Campo… y políticos, muchos políticos. Unos, para acompañar a Juan Vicente Herrera; otros, a Alfonso Fernández Mañueco, es lo que tiene contar con dos jefes, aunque luego se juntaron todos que no es plan de dar armas al enemigo con las elecciones ya oteando en el horizonte; los socialistas, para hacerle el séquito a un Pedro Sánchez, que volvía a Villalar como jefe máximo del socialismo tras su paseo como candidato de primarias. Podemos y Ciudadanos, estos últimos una vez terminados sus ejercicios espirituales en El Escorial, esos que redujeron a la mínima expresión la presencia de los ‘naranjas’ en la entrega de los premios Castilla y León, aunque de forma más discreta también se dejaron ver a los pies del monolito.

Y es que Villalar ha sido el pistoletazo de salida de la campaña electoral, excepción hecha de Herrera, que ya no necesita hacerse valer para que le renueven el voto en mayo y que bastante tiene con lanzarle indirectas a un Cristóbal Montoro al que cada vez parece importarle menos lo que le llega de Castilla y León, si es que es alguna vez le importó.

Una campaña en la que el PSOE está ya metido de lleno con la elevación de Luis Tudanca a los altares de candidato en poco más de un mes, a quien le seguirán los cabezas de lista de los grandes ayuntamientos en unas primarias que en la dirección autonómica del Partido Socialista se quiere que no sean tal. Todo sea para tapar las vergüenzas de su división interna, que por más que traten de esconder con esas primarias ‘ficticias’ sigue latente y que sólo espera agazapada a los resultados de mayo del próximo año.

El mejor ejemplo es León, donde nadie quiere a José Antonio Díez, ni él mismo se quiere, como candidato pero que unos y otros lo van a aceptar para evitar que se desate la guerra padre. Al caso de José Antonio Díez, como al de Olegario Ramón en Ponferrada, le viene que ni al pelo ese ‘al no haber otra’ que le espetó mi abuelo al cura cuando le preguntó si se quería casar con mi abuela, claro que lo suyo fue por cien pesetas de la época.

Y es que, salvo en Valladolid donde nadie, ni los críticos, se atreven a siquiera hablar en voz baja contra Óscar Puente, el PSOE vive una ‘pax romana’ que ni ellos mismos se creen pero que toca esconder… por ahora.