Sangría a chorros
CADA VEZ que el partido gobernante anuncia una convención de rearme ideológico, caen chuzos de punta. Deberían localizar al gafe que tienen escondido. Ocurrió el pasado finde en Sevilla con el petardo de Cifuentes, cuyo alcance no supieron calibrar, y ha vuelto a pasar esta misma semana, para aturdir la convención zamorana dedicada al mundo rural y al reto demográfico, que es como decidieron bautizar desde Génova a la sangría creciente que supone nuestra pérdida de población. Esta vez el petardo estalló en directo, durante la presentación del agasajo postal a León.
Como ni hubo ni va a haber dinero para la transición energética ni para derramas asfálticas o ferroviarias, que es donde hay chicha, el ministro de rodaduras hizo un alto en sus cortejos para dedicarnos un sello conmemorativo de la serie Doce meses, doce provincias. Una cada treinta días de este 2018 sin presupuesto, en una estrategia ingeniosa para embaucar territorios con un trampantojo barato. Lo que nadie podía esperar, y menos que nadie sus anfitriones institucionales, es que el agasajo viniera con gato. Aunque ya no pueda fiarse uno de los gestos oficiales, resulta imposible ignorar que la sociedad estatal de Correos cuenta con sesenta y cinco mil empleados públicos y que no todos son peatones carteros.
Así que es un organismo acreditado para no faltar a León metiendo en su sello de homenaje la catedral de Burgos. Un traspié intolerable, porque no se trata de monumentos exóticos. De hecho, la de León, suplantada en su casa, es el primer monumento español. Yo más bien soy partidario de interpretarlo como el petardazo previo a la convención zamorana, donde van a examinar con retraso los deberes de la comisionada para la despoblación Edelmira Barreira, quien recibió esa encomienda el 27 de enero de 2017, en dependencia de la vicetodo Soraya. Han sido quince meses de tanto entretenimiento como escasa labor, retribuidos con cien mil euros anuales del ala galaica. El agasajo de la convención va a ser una capa parda alistana para Rajoy. Ningún interlocutor equiparable para la despoblación.