Pamplinas navideñas
LA galopada menguante que anuncia el declive del mundo rural se moviliza con el fin del carbón y se alimenta con la postración y el abandono que refleja su progresivo desabastecimiento de productos básicos en cada vez más de nuestros pueblos. Paso a paso en el descuido, hemos conseguido que la caída no dibuje una curva declinante, sino una estampida. Cada vez somos menos, y por tanto, más conformes y resignados con el desvalimiento.
Para estrenar diciembre, se reunió en Estrasburgo (Francia) la plataforma de regiones carboneras en transición, un foro promovido por la Comisión Europea que pretende hacer que el tránsito hacia el nuevo modelo energético sea justo con los habitantes de las cuencas clausuradas. Parece que los europeos, donde el carbón da empleo a 240.000 personas, se plantean más seriamente el cambio energético que nuestros políticos y empresarios, siempre seducidos y embobados por trampantojos: los políticos entregados al relevo radical de la fuente de energía, sin que importe el precio, y los comerciantes desquiciados por la avidez, sin tener en cuenta que las autoridades europeas les van a escrutar si han aplicado y cómo los millones hasta ahora recibidos para adecuar ambientalmente las centrales instalando filtros en las térmicas de carbón.
440 millones en ayudas es la cuenta del incentivo ambiental repartido por España entre 2007 y 2017. Y una vez realizado el cobro, la mayor parte de los negociantes energéticos está por clausurar las centrales a toda prisa, así se dispare la luz o se cuarteen los pantanos. Pero que a ellos nadie les interfiera la cuenta de resultados ni les amargue los dividendos.
La semana catalana tuvo un episodio ilustrativo para nosotros, víctimas de tantos expolios: el rescate de las piezas de Sijena en museos catalanes. Lo estropea el insoportable nepotismo entre el ministro Méndez Vigo donante y el receptor Pedro Méndez Vigo, vicepresidente de la Orden de Malta en España, propietaria del cenobio, que tiempo atrás tuvo el detalle de distinguir a los Iñigo (padre e hijo) como caballeros de honor de la orden.