Diario de Valladolid

LIGA PLENA INCLUSIÓN

Tres décadas de goles y canastas

La competición deportiva celebra en su 30 aniversario la profesionalización que el tiempo ha otorgado a una cita que reúne a 400 deportistas en Castilla y León en torno al fútbol sala y el baloncesto

Equipo de baloncesto del SanJuan de Dios, subcampeón de España en las dos últimas ediciones.-EL MUNDO

Equipo de baloncesto del SanJuan de Dios, subcampeón de España en las dos últimas ediciones.-EL MUNDO

Publicado por
Guillermo Sanz

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Goles y canastas. Canastas y goles. Un binomio perfecto como el ying y el yang o como el alfa o el omega. Dos piezas de puzle que encajan para hacer de la Liga Plena Inclusión un capítulo para la historia, la que bajo los seudónimos de fútbol sala y baloncesto ha escrito durante 30 años. Tiempo que hace que nació, con una base asociativa, este movimiento en torno a la discapacidad.

«Se luchaba para reconocer los derechos de las personas con discapacidad intelectual. En este caso en el ámbito deportivo. Fue un grupo de familiares apoyados por los profesionales de Plena Inclusión Castilla y León (FEAPS por aquel entonces) quienes pusieron el germen de la primera Liga», narra David Fernández, coordinador del área de Deportes de Plena InclusiónCyL.

Lejos quedan esos primeros pasos en los que apenas se llegaba a los diez equipos de 5 ó 6 clubes deportivos. Algunos jugadores jugaban incluso en zapatos, pero eso son fotografías casi en blanco y negro. El escenario ha sufrido una metamorfosis en la que (en la actualidad) participan 50 equipos de 15 clubes diferentes. «El principal cambio ha sido la profesionalización de la Liga a nivel deportivo. Reglamentaciones, arbitrajes federativos y, en definitiva, una mayor calidad que permite que sea como cualquier otra Liga de la región. Otro cambio importante fue el momento en el que Plena Inclusión y la Federación de Deporte Adaptado de Castilla y León (antes FECLEDMI) pasaron a trabajar conjuntamente en el ámbito deportivo», explica.

CD San Juan de Dios, Padre Zegri, CD Duero y Asprona son los encargados de portar el estandarte vallisoletano en la competición... y lo hacen clavándole en las alturas de la Liga. «A nivel nacional no tenemos competidor en baloncesto femenino. Llevamos una década de dominio en esta modalidad en el panorama nacional, tanto a nivel de clubes como de selección autonómica. El baloncesto masculino y el fútbol sala siempre logran estar en los primeros puestos también», analiza David Fernández sobre la representación de Castilla y León.

Más allá de la pantalla competitiva, los triunfos del deporte (encarnados en este caso en el fútbol sala y el baloncesto) se celebran en el terreno de juego del físico y el emocional y ahí la Liga Plena Inclusión se convierte en una auténtica Liga de las Estrellas: «El beneficio de estos deportes es el mismo que para cualquier otra persona, añadiendo que el componente social quizás sea más incisivo, repercute más», analiza.

Porterías y canastas son los dos ejes sobre los que gira esta histórica cita deportiva; un mantel en el que, por el momento, no espera recibir más invitados: «Con el volumen que tiene esta Liga (son casi 400 deportistas con discapacidad intelectual los que participan, y creciendo), ahora mismo preferimos mantener. Lo que sí se ha creado es una Liga Regional de natación, ya que es otra de las modalidades más practicadas en la región», explica David Fernández.

El volumen de jugadores y citas hacen de la Liga Plena Inclusión un caso especial. El calendario se divide en 6 ó 7 jornadas que se sientan en el calendario entre los meses de octubre y abril. Valladolid abrió el pasado 21 de octubre una tournée que ya ha hecho escala en Salamanca y que pasará por Segovia, Palencia, León y Olmedo. La Ciudad del Caballero cerrará el 30 aniversario de la competición y escribirá en su historial los nombres de los nuevos campeones de España que se han jugado el título en siete jornadas intensivas de deporte.

Los campeones lucirán en cada una de las tres diferentes categorías que conforman la Liga Plena Inclusión. El nivel I lo conforma el nivel más alto de competición (sin ningún tipo de adaptación) y el III el más adaptado. Lo que no es adaptable es la dulce sensación de anotar un gol o una canasta, un sabor que es igual en el patio del colegio y en los grandes campos y pabellones internacionales.

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