HÍPICA / YEGUADA VALDELAMADRE

Fábrica de campeones

Javier Sanjosé y Carla Alonso crían y forman en una finca de Valoria la Buena caballos para competiciones internacionales / ‘Clooney’ es la joya de la corona, compite en Holanda y es montado por un campeón del mundo

Salto de Valdelamadre Always durante el First Gran Premio.-EL MUNDO

Publicado por
J. I. Fernández

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Se imagina a ese hijo al que se le está dando desde pequeño la mejor educación, al que se le trata con mucho amor, pero un día, por circustancias de la vida, tiene que volar del nido y acaba triunfando. Los padres estarán muy orgullosos del trabajo realizado y todos los esfuerzos habrán merecido la pena.

Pues algo parecido es lo que se hace en la Yeguada Valdelamadre donde crían a caballos para que después compitan en grandes competiciones europeas. Todo comenzó en 2006 cuando Javier Sanjosé y su pareja Carla Alonso decidieron poner en marcha un centro pionero en la zona, concretamente en Valoria la Buena. Diez hectáreas para la cría de caballos de competición de saltos que pronto comenzó a dar sus frutos.

El trabajo en esta «fábrica» de crear caballos campeones se hace de dos maneras. O bien se cría al potro desde su nacimiento, o bien se recompra para criarlo y posteriormente venderlo para que compita fuera de España. «La cría no son matemáticas exactas, te puede salir bien o mal», recuerda el dueño de Valdelamadre. En Valoria comienzan los exámenes con alturas que van hasta los 1,40 metros, si se comprueba que el potro tiene cualidades se envía a Holanda, allí, Manuel Fernández Saro tiene una cuadra y se encarga de que participe en la competición internacional, y de una posible venta.

Las competiciones de saltos de caballos se dividen por alturas, como es lógico, cuanto más alto, mejor. Y de momento ya pueden presumir de tener presencia en pruebas donde el listón se eleva hasta los 1,55 metros. El ‘Messi’ de Valdelamadre es Clooney. El pasado mes de agosto ganó su primera prueba internacional, nada menos que una prueba a 1.50 LRC, montado por su amazona habitual, la holandesa Stefanie Van den Brink. Un caballo con unas cualidades espectaculares y que está llamando a la puerta de grandes gestas. También ha sido montado por el campeón del Mundo Jos Lansink con el que fue quinto en un Gran Premio de CSI2*, cuarta categoría del ránking de las competiciones de salto ecuestre reguladas por la Federación Internacional.

El vallisoletano reconoce que es todo un orgullo, aunque puesto a soñar, el culmen sería verlo en los Juegos Olímpicos o en un Campeonato del Mundo.

Pero hay más caballos que se encuentran ‘jugando’ ya fuera de casa como por ejemplo Valdelamadre Centalyon que hace dos años tuvo como destino Florida en los Estados Unidos.

Al igual que a un futbolista se le ven cualidades desde muy pequeño, ¿cómo se puede saber si un potro acabará siendo un crack? Sanjosé se apoya en el instinto:«Es una cuestión de sensibilidad», Al poco tiempo de su nacimiento se suelta en libertad en un picadero. Cuando son potrillos, con menos de 7 meses, se les mete con la madre y se intenta que salten una valla, «ya se ven cosillas», apunta, mientras que cuando cumple año y medio se le vuelve a examinar «y ya se ve si tiene buena cabeza y tácnica». Así hasta los tres años y medio que es el momento de comenzar la doma.

Un potro puede competir cuando cumple cuatro años y quizás a los ocho años pueda vivir su mejor momento. «No es como en una carrera de caballos, que con cinco años ya son viejos, aquí es una carrera de fondo y de meter mucho dinero», apunta el gerente de la Yeguada, que pone un curioso ejemplo para explicar el funcionamiento. «A cada caballo le pones una hucha de cerdito y le metes cada mes dinero, cuando la rompas, tienes ese dinero y si hay más, pues mucho mejor». El dueño de Valdelamadre calcula que la cría del animal puede salir por 8.000 euros al año. Luego la venta es cuestión de lo que se quiera pagar. «Puede venir un árabe con un millón de euros o venderlo por 10.000 euros».

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Sanjosé no oculta sus sentimientos. «Para nosotros son nuestros hijos, cuando se marchan de aquí se te sale el corazón del pecho. Lloro como una madalena, pero luego los ves en las competiciones triunfar y es un orgullo y un sentimiento muy grandes».