Begoña se cae del caballo
A lo largo de la historia de la humanidad ha habido grandes revelaciones. Las hubo que resultaron sonadas. Ahí está la caída del caballo de Pablo de Tarso, que le hizo ganarse después el calificativo de santo. Al mismo nivel se podría incluir a ese independentismo catalán que miente más que habla y se salta las leyes a conveniencia. Todo para que aquellos que les siguen les pongan en un altar y les hagan santos o, al menos, se hagan selfies con ellos. Éstos lo único que quieren es eso, poder y popularidad a cualquier precio, aunque para eso estén dispuestos a cargarse el estado de derecho justo antes de caerse del caballo y huir a Bélgica
Pero no es necesario remontarse tanto en el tiempo, ni mirar hacia Cataluña para ver caídas del caballo, que vienen a ser revelaciones después de ver la luz tras años de oscuridad. Ahí está el caso de Begoña Hernández, secretaria de Economía, presidenta de Gesturcal y más tarde viceconsejera de esa Consejería de Economía ahora investigada por el despilfarro de dinero público en la compra de ese mamotreto de edificio negro, conocido como la Perla Negra y que se ve según se entra o se sale de Valladolid a través de la A-62, y de los terrenos de ese fallido polígono de Portillo.
Después de años, no ya de sordera y de ceguera sino de defensa de estas operaciones, resulta que ahora Begoña Hernández se cae del caballo y desvela que quiso frenar la compra de los terrenos de Portillo por ser una operación «excesiva». La misma que como número dos de esa Consejería de Economía, que dirigía el difunto Tomás Villanuena y que no sólo no había dicho nada sino que había defendido sendas operaciones, se desmarca ante su señoría con que ella no quería y no era partidaria de llevar a cabo esa operación de Portillo. Y no contenta con semejante revelación descubre que en el caso de la Perla Negra no pasaba de ser casi una correveidile para los consejeros de Gesturcal de lo que se estaba haciendo. Y, oigan, lejos de caérsele la cara de vergüenza se muestra orgullosa. No se sabe qué es peor si descubrir que vio como «excesiva» la compra de Portillo y ni la denunció ni la paró o si dejó pasar como si tal cosa ante sus narices el despilfarro de la Perla Negra y tampoco hizo nada. La revelación ahora de la ex viceconsejera es de tal calibre que ríanse de la caída del caballo de Pablo el de Tarso.