El estrés del conflicto
HACE años tuve el placer de conocer a una persona que me enseñó uno de los valores que más admiro en la gente: la capacidad de resolver conflictos sin humillación. Puigdemon y Rajoy han llevado a este país a un estrés casi sin precedentes. Uno y otro han sacado a la calle sus banderas. Partidarios de uno y de otro han extremado sus posiciones en pocas horas. Algunos moderados de siempre han evolucionado en tiempo récord a actitudes ultras. De un lado y de otro pedían más caña a su jefe ideológico. La equidistancia para escuchar, atender y desactivar la tensión se convirtió en sacrilegio de algunos dogmáticos, algo más que un pecado mortal para los que se atribuyen el monopolio de la condición de demócratas. Unos reivindicaban la efectiva declaración de independencia ya y otros, el estado de excepción ante «un golpe de Estado permanente». Y, sin embargo, Puigdemon sorprendió, aplazó con una retórica de sí pero no la declaración unilateral de independencia y pidió diálogo a su manera; un cauto Rajoy enfrió temporalmente la tensión con inteligencia y aparente moderación. Pocas veces había visto un estrés transversal tan generalizado en la calle. Gente de bien llegó a olvidar sus dificultades para llegar a final de mes; el conflicto territorial catalán tapó la lucha de los pensionistas por una jubilación digna; el llamado desafío independentista provocó un alzheimer impuesto… ¡Había miedo! «En el abismo cabemos todos», proclamaba El Roto.
¿Qué habría pasado si los dos jefes de gobierno hubieran azuzado el conflicto la tarde del martes? Nunca lo sabremos. Allá quienes preferían animar la latente ansiedad colectiva antes que desactivar un conflicto que olvidaba la hoja de ruta social.
El presidente de Castilla y León competía con el presidente regional de su partido en tensar la cuerda catalana por un lado y presumía de ofrecer estabilidad con sus penúltimos presupuestos. Habrá que esperar un año para ver si esos desequilibrios territoriales acentuados en la Comunidad que dirige generan la estabilidad que predica. Lo dudo porque las recetas y el diagnóstico son insuficientes cuando la realidad se disfraza, parcela o se ignora en parte. Como hace unos días decía el líder autonómico de UGT, Castilla y León es una Comunidad de dos velocidades donde las diferencias se ensanchan. Y ese estrés individual que provoca esto lleva demasiado tiempo ya instalado de forma silenciosa en muchas familias que carecen del poder de crear conflictos que intranquilicen a presidentes de gobierno.