Un vapuleo que deja en mal lugar a las universidades
ESTÁ CLARO que algo falla en las universidades públicas de Castilla y León cuando, ránking tras ránking, clasificación tras clasificación, ya sea nacional, europea o mundial, se colocan a la cola o directamente ni aparecen. Así sucede en el último ránking Shanghai, el más prestigioso a nivel mundial, en el que los cuatro campus universitarios públicos de la Comunidad acaban vapuledos.
Y es ninguna de las universidades, Salamanca, Valladolid, León y Burgos, aparecen siquiera entre las 700 mejores del mundo. Es más, en el caso de Valladolid, Burgos y León ni se encuentran entre las 800. Sólo el campus salmantino se vislumbra más allá del puesto 700, y gracias.
A la vista de los baremos que analiza el prestigioso informe Shanghai, la buena noticia para la institución académica salmantina es que la universidad más antigua de España vuelve a escribir su nombre entre las mejores del mundo, aunque aparezca gracias a que ha ampliado este curso su lista de los 500 hasta los 800 nombres. Sin embargo, y a pesar de la evidente pérdida de peso en el universo académico por parte de España, desde que en 2003 se iniciara la elaboración delAcademic Ranking of World Universities, sólo la USAL y la Universidad de Valladolid (situada entre las 500 mejores del mundo en 2003) pueden presumir de haber dejado su lista en este prestigioso ránking.
Un pobre bagaje con el que, evidentemente, está muy lejos de poder sacar pecho. Lo que viene a evidenciar este nuevo informe es que se necesita un cambio drástico en la política universitaria de la Comunidad y, para ello, es obligado que administración, la Consejería de Educación, y rectorados trabajen codo con codo para lograr esa mejora en la calidad de la enseñanza universitaria de la Comunidad.
Uno de los males que debe corregirse, y del que los rectores vienen quejándose, es el de la financiación. Y no les falta razón. Es hora ya de que los campus cuenten con la dotación económica suficiente que les permita mejorar en todos sus ámbitos, sobre todo en el educativo e investigador. Pero no sólo. Otro de los lastres con los que tienen que remar es esa maldita tasa de reposición cero que por mor de esa ley Montoro impide la contratación de nuevo profesorado, con lo que ello supone de negativo.
Por no hablar de la necesaria, obligada regulación de las titulaciones. La primera piedra ya se puso hace ahora un año, pero poco más o nada se ha hecho desde entonces. La consejería, con el consejero Fernando Rey a la cabeza, tiene que coger el toro de las titulaciones por los cuernos y sacar adelante esa necesaria regulación, eso sí de común acuerdo con la comunidad universitaria. Acciones, todas ellas, que no se pueden demorar más, como demuestra un vapuleo que deja en muy mal lugar a las universidades públicas.