Rey debe acatar ya el mandato las Cortes con la semana santa
NO LE QUEDA MÁS remedio al consejero de Educación, Fernando Rey, que acabar con el caos organizado con las vacaciones de semana santa del próximo curso y restablecer la normalidad y lo que quiere la ciudadanía de Castilla y León. Se lo dijeron las federaciones de padres, se lo dijeron los centros escolares, se lo dijeron las juntas de cofradías. Le dijeron con rotundidad que nadie entendía cómo es hacer un cambio tan incoherente: poner las vacaciones de semana santa después de semana santa. Sobre todo después de saber que la contestación que la experiencia evidenció hace años. Pero es que si no lo tenía claro y meridiano, ahora se lo acaba de decir en medio del debate sobre el estado de la Comunidad, las Cortes, donde reside la soberanía de los castellanos y leoneses, algo que el sabe bien como experto constitucionalista que y gran defensor, al menos teórico, de la fuerza de los valores democráticos de una sociedad. Se lo dijeron las Cortes a propuesta del partido del Gobierno. Propuesta que avaló gobierno y la oposición, incluso sus propios compañeros de Consejo de Gobierno, presidente Herrera incluido. No lo queda otra. Por eso no se entiende el empecinamiento en no cambiar. Lo tiene que hacer. Y lo puede hacer. Y argumentar que la decisión es irrevocable, como esgrime la Consejería, es llanamente una mentira y un insulto a los ciudadanos. Se puede hacer y debe hacerlo por mandato de las Cortes, que se lo mandató delante de sus narices en el plenario en el que se abordó la situación de la Comunidad.
Resulta más incomprensible todavía ese empecinamiento en una persona de talante y trayectoria dialogante y convicciones tan democráticas y tan profundas como se desprenden de sus habituales ensayos.
Lo que está claro es que no se pueden anteponer los intereses de tres dirigentes sindicales de educación al interés general de los escolares, los padres y la sociedad. Tres no pueden decidir en contra de todos. Y eso lo sabe Fernando Rey que incluso ha arengado en un brillante artículo, no hace demasiado tiempo, al gobierno de Rajoy en su cerrazón con el caso de Cataluña. Ahí tiene su espejo.
Es un clamor tan evidente que si, inexplicablemente, el titular de Educación no está dispuesto a rectificar, deberían ser otras instancias superiores, como la Vicepresidencia de la Junta, la que debería intervenir para corregir la decisión y acatar el mandato de las Cortes promovido por el propio PP. Ya ocurrió cuando el antecesor de Rey decidió, contra viento y marea, cerrar la escuela de Riaño y condenar a los niños a viajar por sinuosas carreteras de montaña tres horas al día para poder ir al colegio. El propio Juan Vicente Herrera intervino para desautorizar al consejero y poner sentido común. Aquello le valieron elogios a Herrera. Ahora, que no lo dude, también. Sin embargo, la confianza en la trayectoria de Fernando Rey nos hace entender que será él quien corrija el gravísimo error y demuestre una vez más su sensatez.