Diario de Valladolid

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CADA año, de 1996 a 2011, nuestros veranos contemplaron con pasmo el ceremonial de cierre y apertura del curso político. Fue la época de Aznar y Zapatero en la Moncloa, cada cual con sus alardes. Los de Aznar se tradujeron, hasta que se le pasó la querencia, en largas sobremesas de dominó y cena con los amigos de la ribera. Venía en helicóptero de Silos acompañado por Lucas para aterrizar en Quintanilla, donde había dejado una parroquia de fieles durante su bienio en la Junta. Pero enseguida el madrileño tuvo otras apetencias y relegó el tirón de la ribera por el gancho playero.

Pasó luego el tiempo sin más acercamientos que sus ruidosas visitas a bodegas, desdeñando de paso toda suerte de reconocimientos, como la medalla de oro de las Cortes, que sigue sin recibir desde 2008. Aquel Aznar que se disfrazó de Cid para Feliciano Fidalgo en Peñafiel, volvió a casa el martes a una comida de amigos con sus sucesores en la presidencia y el candidato en 2019, Alfonso Mañueco. La invitación fue suya y el encuentro se produjo en la bodega Dehesa de los Canónigos. Esa imagen de Aznar rodeado por Posada, Lucas, Herrera y Mañueco la difundió Lucas, con el atuendo más informal del grupo, y recuerda los treinta años de los ‘populares’ al frente de Castilla y León. Todos los sucesores de Aznar que pasaron por las urnas mejoraron sus resultados, pero él fue el intrépido que dio el salto al palacio de la Moncloa.

Pasará el verano y no parece probable que el festejo estival de Rodiezmo, donde Zapatero abría curso político, vuelva a repetirse. El promotor de aquella romería, el sindicalista Villa, chapotea por los juzgados, trincado con una morterada que se apropió de la subvención para construir una residencia de mineros. A Villa lo pillaron al acogerse a la amnistía de 2012. Y esta misma primavera, la guardia civil revisó los casoplones que tienen cerca de Mayorga el presidente del montepío José Antonio Postigo, y el constructor subvencionado, Juan Antonio Fernández. Con semejante patulea, parece improbable que a Zapatero se le ocurra rememorar el festejo.

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