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HA salido a la palestra una iniciativa ya conocida, pero interesante por su formato individual. Consiste en que, de forma voluntaria, limpiemos un metro cuadrado de Espacio Natural. En esta tierra nos tocan unos cuantos por habitante y padrón. En el momento de escribir estas líneas, se nos quemaba una parte del centro de Portugal. Mi pensamiento estaba puesto en la macabra estampa de tierra calcinada y en las víctimas y héroes asesinados por llamas incontroladas. Desconozco si fueron o no legiones de voluntarios los que acudieron a la llamada de SEO/BirdLife, en alianza con Ecoembes, Hasta aquí aplausos a las dos organizaciones, sensibles con este –todavía- planeta tan azul. No se me quita de la cabeza el incendio. Y no hago más que acordarme de aquellas ‘prestaciones sociales’ que hacía el común: hacenderas, a huebra y comunales, que consistían –y consisten– en trabajar todos juntos por la comunidad.

Mensaje para los patriotas rurales: estas vacaciones hay que salir a los pinares, a los caminos, a las riberas y a los ríos a limpiar y a frenar la muerte de nuestro cacho de planeta. Se me mete el humo entre las teclas. Pero las humaredas, con sus negras nubes volanderas y dañinas, no impiden que vea con claridad que algo estamos haciendo rematadamente mal. Tanta sensibilidad y versos verdes; tantos osos con sus oseznos; tanta Reserva de la Biosfera, Geoparques y Espacios Naturales; tanta masa forestal –la mayor de España-; tanto puesto remunerado para la acción política en ministerios, consejerías y concejalías… y resulta que seguimos quemándonos y ensuciando el bosque.

No entiendo cómo en esta región, líder en materia medioambiental y forestal, tenemos centenares de forestales, ingenieros de montes, ambientales, biólogos y veterinarios –entre otras disciplinas vinculadas a la naturaleza– sin trabajo. Y eso que son vocacionales y no se forman solo por el euro empresarial. No lo entiendo. Lo peor de todo es que, a los que se sientan en los escaños, no les llega el humo. Yo solo sé que gente muy cabal, como se dice en mi pueblo, asegura que se puede evitar mucho incendio cuidando el monte en invierno. Y que también se puede vivir del bosque. Nos quemamos. ¿Tendrá que ser así?