Cambio de paradigma en la economía de la Comunidad
Castilla y león se encamina a un cambio de paradigma, a un difícil salto evolutivo que haga avanzar la economía regional de la preponderancia del sector primario al reinado de la producción industrial, apuntalada por una potente capacidad de innovación que favorezca la competitividad y, por tanto, las perspectivas de futuro. La herramienta para movilizar ese avance está ya en manos de la Junta de Castilla y León y tiene forma de plan director. Nace con una aportación económica de 837 millones de euros a invertir en los próximos tres años y, lo que no es menos importante, cuenta con el consenso previo de todos los grupos políticos representados en las Cortes, así como los agentes sociales de la Comunidad.
Sobre el papel, por tanto, el Plan Director de Promoción Industrial de Castilla y León se pone en juego sin algunos de los principales obstáculos para el desarrollo de las estrategias de crecimiento económico como son la falta de presupuesto y los recelos políticos o territoriales.
Por tanto se puede ser ambiciosos en los objetivos y en la hoja de ruta para lograrlos, puesto que hay garantías de que al menos se pongan los recursos suficientes, lo que es especialmente deseable en el caso del objetivo recogido en el plan de potenciar la innovación y la investigación. De hecho ayer se concedieron ayudas por valor de 9,2 millones desde la administración regional a 29 proyectos de I+D promovidos por industrias de la Comunidad, dando pie a una mayor inversión pública en este campo. De igual manera, el respaldo desde las administraciones a la innovación tecnológica y la digitalización, bases de la industria 4.0, es tan básico en el entorno económico actual como la gestión del capital humano, la formación y la transferencia del conocimiento. Tanto como el fomento del emprendimiento o la internacionalización de las empresas, sean productivas -incluso en el campo de la agroalimentación- o de servicios.
El reto es dar un salto adelante para que la industria alcance un peso del 20 por ciento del Producto Interior Bruto de Castilla y León para el año 2020. Para lograrlo no sólo será necesario mejorar la competitividad del sector industrial sino que es prioritario incrementar la base de empresas de este campo en la Comunidad y tratar de homogeneizar la implantación de los complejos industriales en todo el territorio de la región. Es relativamente fácil encontrar avances en aquellos puntos del mapa en los que la concentración industrial es relativamente alta, o sectores ya punteros, pero el reto radica en superar los modelos empresariales menos competitivos o los que dan poco resultado en las zonas de la Comunidad menos industrializadas, para que converjan en el objetivo común de hacer de la industria el motor de la economía de Castilla y León.