Los jóvenes sin empleo se refugian en la formación
ES UN HECHO demostrable con datos oficiales que los jóvenes son los grandes paganos de la crisis. Su tasa de paro ha ido creciendo desde 2008 y el número de ocupados entre 16 y 34 años se ha desplomado. Sin embargo, la otra cara de la moneda de este lamentable escenario de los últimos nueve años es que los jóvenes se han refugiado en la formación para compensar o aprovechar su menguada falta de oportunidades en el mercado laboral.
El efecto positivo de la crisis es que el abandono escolar temprano ha caído de forma notable y los niveles de formación han aumentado en Castilla y León y en el conjunto de España. Cada vez son más los jóvenes dispuestos a continuar con sus estudios para labrarse un futuro profesional digno.
Sin embargo, la reducción del paro juvenil es lenta y los programas europeos para acabar con esta lacra no han obtenido aún los efectos necesarios. En ese contexto de incertidumbre y de expectativas sin cumplir, se produce otra considerable discriminación: las mujeres consiguen más formación y su tasa de abandono escolar es inferior; pero estas fortalezas no se traducen, más bien al contrario, en que encuentren más empleo. Se abre así la brecha de la desigualdad en materia laboral así como una evidente discriminación al no corresponderse una mayor formación con una mayor inserción laboral. En definitiva, las administraciones y las empresas tiene mucho camino por recorrer para recortar todas estas diferencias que llevan a los jóvenes a menores alternativas laborales y pueden provocar desconfianza.
Seguramente sería exagerado afirmar que hay toda una generación perdida en la crisis, pero es evidente que falta mucho por recorrer para que la sociedad ofrezca a los jóvenes un futuro con alternativas de empleo. La crisis ha disparado el porcentaje de menores de 34 años que ni trabajan ni estudian.
El informe del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que hoy publica este periódico pone negro sobre blanco una realidad que debe transformarse con mayores incentivos a la contratación de jóvenes y con campañas que contribuyan a aprovechar las fortalezas que implican una mayor formación en estos años de la crisis.
En ese camino, en el que hay que apostar con más firmeza, cobran especial sentido esos planes de retorno del talento puestos en marcha este año. Los jóvenes formados que tuvieron que emigrar por falta de oportunidades pueden convertirse en un valor añadido para las empresas de la Comunidad.
Castilla y León se juega mucho con los jóvenes. También a la hora de fijar población. El empleo digno es una de las claves. Generar confianza en la Comunidad exige multiplicar los esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de quienes mejor que nadie pueden garantizar el futuro de la región. En ese reto, es preciso aprovechar los niveles de formación adquiridos por falta de empleo.