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ES OBVIO que Pedro Sánchez derrotó a Susana Díaz porque las bases creyeron más en él y menos en ella. Los afiliados premiaron su mayor coherencia frente al descrédito de los «golpistas» del aparato y de la aristocracia socialista. La falta de credibilidad de la desleal secretaria andaluza, arropada por los que amarraron con su abstención al Rajoy de la corrupción, sumó enteros para quien resucitó como líder gracias también a la incoherencia de barones, trepas y alternadores de chaqueta.

Más de uno se arrepentirá ahora de esta fórmula de primarias que logró una inédita elevada participación. Los mayores líderes históricos socialistas de los últimos cuarenta años han sido desautorizados por las bases.

Pero la coherencia y la credibilidad son dos virtudes que hay que cuidar en un futuro para mantener la enorme fuerza que aportan. Cualquier traición puntual a lo que ha significado para el PSOE esta revuelta de las bases puede rebajar los réditos logrados. Ser radical contra la corrupción del PP es una condición necesaria pero no suficiente. Los afiliados han pedido a Sánchez que se desmarque con más claridad que la gestora de las recetas que han empobrecido a la sociedad y sea más beligerante con la precariedad del modelo que prima a los de siempre sobre la mayoría.

Credibilidad es también la del alcalde de Valladolid, Óscar Puente, al denunciar sin pelos en la lengua la operación de acoso al Sánchez elegido en primarias. Coherencia es dejar ahora más o menos claro que el capitán del transfuguismo interno y de la ambición personal, el senador por la Comunidad Óscar López, no tiene cabida en el equipo de Sánchez.

Habrá que ver hasta dónde llega la credibilidad del PSOE. Su líder regional, Luis Tudanca, ha apoyado «al bastón del PP», a Ciudadanos, para que presida la comisión de investigación de las Cajas de Castilla y León. Su rotunda crítica al sostenimiento que hace la formación naranja de Rajoy en España o de Herrera en la Comunidad es incompatible con su alianza con el PP para juntos elegir a este candidato. Veremos hasta dónde llega esta alianza. Tudanca se mueve en esa ambigüedad forzada por la «convivencia» en su equipo de personas implicadas con el PP en la dirección política de las Cajas. Parece incapaz de mantener firme la coherencia que supondría al menos cuestionar ese pasado. Su inseguridad revela hipotecas. La firmeza de su discurso contra la corrupción en el debate de Presupuestos se desvanece con esta absurda apuesta por un Ciudadanos que cada vez tiene menos credibilidad porque es incapaz de desmarcarse del PP en asuntos de calado.