Redacción de Valladolid

Calladito estás más guapo

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LA TRAMA eólica va camino de estallarle en la línea de flotación a Juan Vicente Herrera en la última fase de la Legislatura. La denuncia de la Fiscalía Anticorrupción da de lleno en esa Consejería de Economía que durante tantos años dirigió con puño de hierro el ínclito Tomás Villanueva, que ya verán cómo se va rositas. Pobre, él, como Esperanza Aguirre, tampoco sabía nada. ¿Ustedes se lo creen? Pues, yo tampoco.

En el PP están tan acostumbrados a esto de la corrupción que manejan los discursos a medida. La última línea argumental pasa por decir, como ya ha dejado claro Fernando Martínez Maíllo, que la culpa la tienen «conductas individuales». Qué más les da que sean suyos, que los encumbraran, que sujetos como Rafael Delgado, la mano derecha de Villanueva, conviene no olvidarlo, hiciera de su capa un sayo en la Consejería de Economía durante tantos años…. Era un individuo y el resto, Villanueva incluido, pobres ignorantes. Repito, ¿se lo creen? Yo menos.

Ya está bien de tomarnos al resto por idiotas. Y tampoco vale ahora rasgarse las vestiduras con grandes adjetivos. La corrupción, es verdad, es una cabronada. Pero una cabronada para los ciudadanos que ven cómo mientras ellos se han dedicado a llegar a final de mes, algunos políticos, y no uno ni dos, se lo han estado llevando crudo, mientras los otros miraban para otro lado. Lo peor es que pretenden que sigamos mirando para otro lado, como si no estuviera pasando nada. Tienen razón desde Ciudadanos cuando indican que el PP podrá frenar, bloquear y lanzar al último de los cajones del olvido a la comisión de investigación de la trama eólica con excusas baladíes, pero que eso no va a evitar que la justicia siga su curso. Claro que quienes así hablan nada hacen por presionar al PP, ellos que pueden con sus votos, y obligarles a desbloquear esa comisión de investigación. Y es que Ciudadanos no ve la acción de Gobierno como un todo, la enjuician en compartimentos estancos. Ahora la investidura, ahora los presupuestos… Y, mientras, el PP tan feliz. Sabe que siempre que lo necesitan ahí están los hombres de naranja. Y si no, aparecen los de Podemos para decir lo primero que se les ocurre. Pablo Fernández, imbuido del postureo de Iglesias, se lanza a hablar de una moción de censura que ni puede poner solo, ni saldría adelante. ¿Y el PP? Insisto, feliz. Mientras cargan contra Podemos nadie habla de su podredumbre interna. Ya lo dijo Mark Twain: «Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar toda duda». Vamos, el calladito estás más guapo de mi abuela.