Diario de Valladolid

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EL SALÓN de Gourmets es nuestro río más rentable. Llevamos casi tres décadas echando la caña y pescando. Y así, hasta que llegaron las redes, que también nos permiten coger peces a manta. Cada día, las industrias agroalimentarias son más activas en redes sociales. Pero aquí, en Gourmets, somos la región española que más aporta a la gran playa de Ifema, donde rompen todas las olas del Estado, de ahí que los datos sean contundentes. Castilla y León acude con el mayor número de metros cuadrados de exposición, recibe el mayor flujo de visitantes, tiene mayor presencia de consejos reguladores (aunque solo acuden 34 figuras de calidad este año) y la cifra más alta en número de expositores. Cifras que, desde la institución regional, se airean justamente en las notas de prensa. Según la Junta, estos días pisan el certamen madrileño 772 empresas de las 3.000 que tenemos. No está nada mal.

Lo cierto es que las empresas alimentarias están cómodas en Madrid y rentabilizan su presencia gracias a la proximidad y al enorme mercado madrileño, que muerde el anzuelo con voracidad. Castilla y León, está muy bien representada a lo largo de todos los recintos, comenzando por la ‘casa grande’, muy concentrada y con incremento de industrias –más que el pasado año–, que destaca en el pabellón por su colorido bajo el paraguas de Tierra de Sabor. Sus logos y corazones amarillos llaman la atención desde cualquier punto. Con el paso de los años, se va consiguiendo identificar a la región con los productos y empresas que están bajo el corazón amarillo.

En esta misma feria, aunque repartidos por varios recintos, también acuden las diputaciones, con un buen contingente de empresarios alimentarios de la provincia. Solo entre Segovia, Burgos, Ávila y Soria traen a más de 150 pequeñas empresas, que cada año ocupan un importante espacio expositivo. Luego están las grandes marcas de la región –20 expositores potente– con un fortísimo impacto en imagen de calidad en el mismo Salón del Gourmets. No obstante, ante la ausencia de una bandera común, uno tiene siempre el corazón partido sobre la moqueta. O todos con el corazón amarillo o, al menos, todos con la bandera cuartelada, como hacen los vecinos. Lo importante es que se sepa que venimos todos del mismo puerto. Al menos, eso sí, nos traemos el barco lleno de peces. Y seguimos echando corazón al sector agroalimentario.

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