Diario de Valladolid

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CUANDO hablamos de turismo rural, en esta región se nos llena la boca de vanguardia cocineril y estadísticas con muchos ceros. Nos comen y nos duermen millones de visitantes, pero hay poca geografía social. Tras la cansina presencia en Fitur, regresamos con una noticia de esas que se repicarán. Se dio a conocer allí, siguiendo esa manía endémica de contarnos entre nosotros las cosas a muchos kilómetros. Si algún visitante lo escuchó allá, tendrá que esperar unos años para subirse acá en el funicular que llegará al Pico del Fraile. Pero bendita sea la noticia.

Tiro del hilo de oro verde que desovilló el capitán sobre la moqueta del ferial. Anunció una cascada de iniciativas de ladrillo del bueno: obras, mejoras e infraestructuras para que nos duerman y nos caminen más en el medio rural. Habrá trineos, pasarelas flotantes, vías ferratas, casas del parque, miradores que quitan el hipo, tiendas de indios (tipi), camping con glamour, cabañas de madera y bungalows –que no es lo mismo–, y albergues y alojamientos. Y todo, básicamente, en los pueblos, dentro del suelo natural de la red de espacios protegidos. Este es el turismo con más futuro de todos. Ambicioso plan lanzado con sigilo, pues la batería de proyectos de 29 millones de euros –poco, a todas luces- está avalada por BEI y CEB, o sea, la banca europea.

Ni polideportivos ni hoteles llenos de excelencia que cierran a los pocos meses destrozando la autoestima y borrando la imagen de la zona. Ahora, a lidiar con los ecologistas, que es de esperar que pongan traviesas razonables. Esta región es verde en el más amplio sentido del término. Es ecológica, agraria, forestal, biodiversa y líder en producto natural protegido. Envidiada por otras comunidades españolas, también es patria de Félix, el amigo de los animales. Aquí la garza real y la cigüeña negra juegan al escondite con el oso y el urogallo. Menos mal que al lobo, a la ganadería autóctona (vacuno, caprino, ovino y equino), a las especies cinegéticas, a los toros en la dehesa y a las bandadas de grullas y ánsares sí que los vemos con claridad. Este es el turismo verdadero. El viaje hacia el futuro es el de la geografía humana, el de las unidades básicas que están a punto de ordenarse en un territorio que se apaga y donde hay que invertir en infraestructuras reales y rurales. Y darse prisa en empezarlas.

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