Diario de Valladolid

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Y BAJANDO. La población de Castilla y León, según dicen las estadísticas y nos recuerdan los partidos políticos que se hospedan en las Cortes regiones, se desangra en su número, gota a gota, persona a persona. Sin duda es un grave problema geopolítico, salvo que se tratara solo de una compensación natural de una previa saturación. No parece ser éste el caso, y mucho menos en algunas comarcas en las que el ser humano comienza a ser una especie en extinción, aunque los animalistas nada digan al respecto.

Los dos últimos años han supuesto la pérdida de varias decenas de miles de habitantes para la comunidad. Si mueren más que nacen, si los que no eran de aquí vuelven a su tierra ante la falta de expectativas, si los paisanos deciden hacer la maleta para procurarse un futuro mejor… Pues eso, que Castilla y León parece mejor destino turístico de interior que un espacio para empadronarse. Las miles de casas rurales esparcidas por las nueve provincias acabarán, a este paso, alojando a más personas que los pobladores naturales de muchos pequeños municipios que se esparcen por las zonas más desfavorecidas, y quizá por ello con un paisaje mejor conservado. La despoblación general en la región habla de falta de tejido industrial, o de su pérdida, mientras que cuando se constata la hemorragia demográfica en un espacio o comarca concreta es posible que la evolución a lo largo del tiempo de las fuentes de riqueza, las deficientes conexiones para el desplazamiento y la escasez de recursos y servicios permitan acercarse con acierto a las verdaderas causas.

El problema de la despoblación se incrusta, más allá de las estadísticas y de su juego en la arena política, en el núcleo de cada persona que abandona y en el de los que se quedan. El regreso como fracaso de un proyecto y la huida ante la falta de expectativas son un lastre emocional grave para quien lo padece, del mismo modo que quienes van resistiendo en minúsculos municipios, desvencijados y sin más futuro que, si hay suerte, ver pasar, de largo, el coche de línea, quedan a merced de un tiempo que ya sienten como ajeno.

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