Luces y sombras en el balance de accidentes de tráfico
CIERRE DEL AÑO también para las carreteras castellanas y leonesas. Un balance final que, a primera vista y con los datos globales de Castilla y León como punto de partida, ofrecen un halo de luz y de esperanza. Las carreteras de la Comunidad registraron menos muertes en el último año de las que se produjeron en 2015.
Un descenso que, además, contrasta con el fuerte incremento nacional, donde los fallecimientos por accidente de tráfico volvieron a subir después de años de bajadas continuadas.
Hasta aquí la pequeña luz porque conviene no olvidar que, pese a ese descenso general, las diferentes carreteras de la Comunidad se llevaron por delante la vida de nada más y nada menos que 124 personas. Menos que hace un año, nadie lo puede negar, pero aún siguen siendo demasiadas.
A esas luces hay que añadirle las sombras de esos cientos de ciudadanos que se fueron quedando en la carretera durante este 2016 que acaba de concluir. Personas que no son sólo un número ya que detrás hay familia y amigos; en definitiva un reguero de dramas personales.
Las mismas luces y sombras que se observan en el vistazo global de las muertes por accidente de tráfico del último año son apreciables también a la hora de analizar los datos por provincias. El desequilibrio entre unas y otras es evidente, con descensos importantes en León, Valladolid y Salamanca, a los que le acompañan furtes ascensos, principalmente en Soria. Eso, sin olvidar el caso de Burgos que es el territorio que más fallecimientos registró durante el último año.
Luces y sombras que es necesario que se analicen por las diferentes administraciones y, principalmente, por la Dirección General de Tráfico para tratar de corregir, primero, el aumento de las muertes allí donde se está produciendo y, a renglón seguido, trabajar para que la bajada no sólo se consolide sino que cada vez sea mayor.
Es verdad que muchos de los siniestros tienen detrás la negligencia de los conductores y usuarios de las carreteras y, contra eso, sólo sirve la educación y el perseguir al infractor. A lo que hay que añadir, siempre, el factor humano con los despistes como otras de las causas. Pero a éstas, además, se le suman el envejecimiento del parque automovilístico, el mayor número de infracciones y, por supuesto, el mal estado de las algunas de las carreteras, sobre todo de la red secundaria. Y contra eso sí que pueden y deben redoblar sus esfuerzos las diferentes administraciones.
El trabajo tiene que estar dirigido a que esas sombras, que aún son muchas, vayan menguando y las luces que arroja el último balance conocido se consoliden y apoderen de la todavía negra estadística de tráfico.