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PLANIFICARON supuestamente negocios ruinosos, autopistas de peaje con sobrecostes y con escasez de tráfico. Son las grandes constructoras que ganaron cientos de miles de millones en la época del despilfarro por hacer obras innecesarias con recursos de las entidades financieras. Y ahora, cuando han dejado de pagar sus créditos y están en manos de los bancos, toca al Estado rescatarlas con fondos públicos. Y nadie va a la cárcel.

Justo cuando el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, anuncia la posible nacionalización de estos negocios quebrados, nos enteramos de que Anticorrupción acusa al cuñado de Rato por la compra a Bankia de un palacio en un pueblo de Segovia que fue de la caja de ahorros segoviana. Otro chanchullo más de la entidad que presidió el que fuera vicepresidente económico del PP con Aznar.

Ya no sé cuántos van con Rato de por medio. Esta misma semana supimos que Reino Unido le amenaza con quitarle una empresa por activos sobrevalorados, la ingeniería financiera con la que estafan los listos y los más pudientes. Hasta el Banco de España de la época de Rato y Zapatero está siendo investigado por la justicia por autorizar fusiones como la de Bankia -Caja Segovia y Caja de Ávila entre ellas- y Bancaja en las que los altos cargos disfrazaban sus pérdidas y se garantizaban vía bonus pingües beneficios personales. Y encima declaraban ganancias millonarias.

«En la mayoría de las ocasiones se aprueban malas políticas porque los intereses particulares se han impuesto sobre el interés general». Lo dice el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en su libro. Sin comentarios.

Y en el otro lado todavía hay quien se escandaliza porque el Salario Mínimo Interprofesional suba un 8%, hasta los 707 euros. O que las pensiones se revaloricen un 0,25%. Algunos contrastes nos permiten ver la imagen de las dos Españas de la crisis. Constructoras y bancos que nunca pierden porque tienen recursos y apoyo suficientes para disfrazar realidades y un montón de personas con sus cartillas a cero o en negativo a final de mes.

Puede que aún haya políticos que no se hayan dado cuenta de estos humillantes contrastes. Puede que algunos aún estén solo en la política que les da réditos personales. Alguien debería tener claro que ahora toca que ganen los que siempre pierden y que pierdan un poco los que siempre han ganado mucho.