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LOS QUE DIERON el golpe en el PSOE para que una gestora desterrará a quien fue elegido en primarias enterraron un modelo que les diferenciaba del PP. Son demócratas de boquilla que sólo asumen ese sistema cuando conviene a sus intereses. Susana sólo apoyó a Pedro mientras éste le fue dócil.

La democracia interna de partidos y sindicatos es un mito; con niveles y grados. La corrupción del lenguaje alcanza su máxima expresión política cuando un Juan Vicente Herrera llama a la renovación de personas y apoya a Rajoy para liderar el partido. El discurso de la renovación, como el de la democracia interna, se utiliza casi siempre como arma arrojadiza contra el opositor o para apuntalar un bloque con grietas.

Partidos, sindicatos y organizaciones empresariales han demostrado, con escasas excepciones, que la democracia interna les importa un pimiento. Si les importara, promoverían la participación de sus bases más allá de cuando toca ir a las urnas. Hay intereses de las «castas» por limitar, modular o frenar la implicación de afiliados o delegados. Sobre todo cuando hay poder o recursos en juego.

¿Por qué el PP no se atreve a unas primarias entre Mañueco y Silván? Sería divertido verlos en un debate público. Ver cómo el aparato de Rajoy, con Maíllo como jefe, se vuelca en apoyo del alcalde de Salamanca, y cómo Herrera alienta a sus huestes hacia el regidor leonés. Constatar diferencias ideológicas entre ambos es otra cuestión.

En el PP seguramente creen que esto de la democracia participativa es cosa de los populistas. Tampoco en los sindicatos andan muy interesados en la implicación de sus afiliados. En UGT se reparten el pastel a espaldas de los delegados entre Faustino Temprano y Evelio Angulo con un pacto secreto y escrito. En CCOO ya hay acuerdo en la cúpula para que Vicente Andrés herede el cargo de Ángel Hernández. En la patronal ni eso, con la distribución de cursos vale.

Las primarias no garantizan nada, pero al menos permiten movilizar la vida interna de las organizaciones y educan a la sociedad y a sus afiliados en el debate, en la confrontación de ideas y modelos, y proyectan un planteamiento más participativo. En el PSOE ha comenzado una caza de brujas para primar a unos sobre otros. En el PP están en juego muchos cargos, según se alineen con unos o con otros. La democracia de boquilla nos empobrece tanto que revela el poco entusiasmo que provoca la participación y la implicación de la gente.