Los gatos de Cáritas
ESTOY SEGURO: las decisiones más horribles se toman acariciando un gato al que se arrancan las uñas, un gato al que se esteriliza, al que se da (que no echa) de comer en un recipiente de diseño, adecuado al perfil de la cabeza del gato. Las peores decisiones se adoptan, sin duda, en el ensimismamiento en la propia bondad indiscutida. El conflicto es doloroso. Las mascotas anestesian las indecisiones. La moneda del Domund ahora se invierte en alimento para gatos. Miau.
Todos tenemos un gato a mano para acariciarlo. Pero no todos están dispuestos a descubrirlo, in fraganti, cuando pone su nombre como autorizado en nuestra libreta de ahorros, cuando se rasca la cabeza pensando dónde pone la cruz destinada a los fines sociales de la declaración de la renta.
Por la caridad entra la peste. Cuando a la compasión se le llama solidaridad, conforme el guión que maúllan las ideologías, los valores saltan por la ventana. Huyen despavoridos con su pena y sus complejos.
La gran controversia que genera la tauromaquia, dice Cáritas de Salamanca, le impide que su logotipo comparta una iniciativa de los jóvenes taurinos charros para lograr fondos que se destinen a alguno de los fines que este instrumento de la Iglesia católica persigue.
¡Qué tiempos aquellos en los que la Iglesia se oponía a los toros… por entender que el ser humano no debía exponer su vida por mera satisfacción!
El fundamental trasunto de la muerte, y por tanto de la vida, también constituye la clave ética del aborto. Asunto que genera, asimismo, gran controversia. ¿Dónde se sitúa en este asunto Cáritas de Salamanca? ¿También debe ser omnicomprensiva con las asociaciones pro-aborto y por ello desmarcarse…?
Permítanme que, por un momento, me ponga en modo (demagogo) populista-animalista: mientras acaricia a su gato, señora responsable de la sensibilización (¿) de Cáritas a orillas del Tormes, ¿nota el frío y el hambre de ese niño que no podrá recibir la donación de esos ‘indeseables’ jóvenes a los que les gustan los toros?