Diario de Valladolid

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LLEVAMOS días con una ebullición en la política autonómica que cuesta creerse. Y no porque se esté produciendo algún avance significativo o se vayan anticipando soluciones a los problemas que nos asedian. De eso, nada de nada. Todo es mucho más elemental y tiene estrictamente que ver con la onda ocasionada por la dimisión gubernamental de la vicepresidenta Rosa Valdeón, a raíz de su detención en Morales de Toro, cuando triplicaba la tasa de alcoholemia que permite circular al volante. Acostumbrados a que nunca pase nada y que la rutina se sustancie sin meter un ruido, de repente nos alcanzaba un incidente de caza mayor. Visto desde la atalaya de diez días después, sin duda lo fue. De lo contrario, no se explicaría el estruendo que su onda expansiva provocó en el pleno de las Cortes el martes de san Agapito.

Aunque tampoco debe olvidarse la propensión a extremar los gestos que adorna a nuestros políticos. Si no se exceden con el trabajo, tampoco reparan en aspavientos. Y así, entre sermones y advertencias, van quedando en descuido los graves asuntos que no admitían tregua. Al menos, esa fue la alarma sembrada. Con alguna ligereza difícilmente disculpable, dicho sea de paso. Como el enredo muy poco sibilino planteado con el aforamiento de los procuradores. Si es inherente al cargo, o prescindible, a petición del encausado.

Dada la tradición de corruptelas que enguarra la actualidad de la política española, no puede extrañar la tendencia a embutir todos los traspiés en el mismo saco. En el caso de Rosa Valdeón, no existe ninguna tacha a su actividad pública, aunque el incidente de tráfico desatara los odios abencerrajes de sus conmilitones en Zamora. Semejante trajín de tejemanejes va haciendo olvidar los asuntos pendientes de la noche de san Cleofás, cuando se abran las urnas en Galicia y en el País Vasco. Y eso, si finalmente los resultados contribuyen a desbloquear la formación de gobierno, de manera que pueda empezarse a tramitar el presupuesto, a despachar con el biministro De Guindos los funerales ordenados de la minería y a pasar del teatrillo a las tareas.

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