EDITORIAL

La elevada interinidad de la Educación requiere solución

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EL CURSO que acaba de comenzar en la Educación Secundaria de Castilla y León sorprende por un dato aportado por los sindicatos. Uno de cada cuatro profesores es interino, lo que se traduce en que 5.400 docentes están en situación de inestabilidad. El motivo no es otro que los límites establecidos por el Gobierno central para la convocatoria de ofertas de empleo en el sector. La falta de profesorado con plaza fija es más que evidente. Si no se recurriera al personal interino no sería posible atender a toda la demanda educativa de la Comunidad, por lo que la Junta de Castilla y León no tiene más remedio que acudir a esa figura laboral para evitar el colapso de los centros de Secundaria por falta de profesorado.

No es un problema exclusivo de esta etapa académica. La semana pasada, el rector de la Universidad de Valladolid alertaba del problema que está suponiendo en la enseñanza superior la tasa de reposición impuesta por el Estado, que no permite cubrir con nuevos profesores más que una pequeña parte de las jubilaciones que se producen. El resultado es, como advertía Daniel Miguel San José, un preocupante envejecimiento del profesorado.

No hay duda de que la crisis económica y su repercusión en los fondos de las administraciones públicas está detrás de este claro deterioro en el ámbito educativo. Las dificultades económicas, es cierto, han sido muy graves y todavía se están sufriendo las consecuencias. Sin embargo, los claros signos de recuperación económica hacen pensar en un próximo cambio de panorama ante el que ya hay que ir haciendo previsiones sobre las prioridades que hay que atender, sin caer, por supuesto, en los errores del pasado que tan negativas consecuencias han traído por un gasto público poco controlado. Revertir los recortes en la Educación debe ser una de las prioridades, porque es necesario asegurar una formación de la máxima calidad posible para los estudiantes de hoy que representan el futuro de Castilla y León y de España. Un profesorado con estabilidad laboral, a priori, parte con ventaja a la hora de desarrollar su importante actividad con la atención que se precisa, con las mejores condiciones posibles. Porque para aplicar la metodología y la pedagogía que se plantee es preciso una evolución temporal a la que los empleos inestables en nada contribuyen.

La elevada interinidad del profesorado es un problema que surge de las urgencias de la crisis, de la necesidad de ir parcheando, pero no puede convertirse en algo que se instale de forma permanente en el sistema educativo. Al contrario debe remediarse en cuanto sea posible y, en cualquier caso, no agravarse más.