Un ‘martirio’ nada ejemplar
CONMUEVE escuchar al presidente Herrera sobre el, presunto, martirio al que se está sometiendo a la que fuera su vicepresidenta, Rosa Valdeón. Y eso que las reacciones de los representantes de los demás grupos políticos han sido más bien moderadas, incluso, en algunos casos, exquisitas. Parece que por maílloland las aguas no quedaron mansas tras la noticia, y que los bandos del Partido Popular volvieron a echar leña al fuego. Leña o alcohol, según se mire.
Las guerras intestinas, domésticas, siempre son las más dolorosas. Y en asuntos de política son las más jugosas, pues todos saben de todos aquello que puede abrir un boquete en su línea de flotación. El fuego amigo es muy destructivo.
Conmueve leer algunas condolencias y párrafos laudatorios en los diarios, en los que, por ejemplo, se alaba el buenísimo gusto de Valdeón por no haber realizado su viaje familiar privado al aeropuerto de Barajas en su coche oficial, con chófer. Claro, de ese modo no hubiera cometido, presuntamente, un delito sobre la seguridad en el tráfico, aunque probablemente hubiera cometido otro. Un poco de sensatez no vendría mal.
La ejemplaridad, para poder alardear de ella, para pavonearse de lo correctísimo de una actitud, debe ser un elemento preventivo. Y previo. Dar ejemplo, sobre todo a los más jóvenes, no es hacer un concurso de arrepentimiento rápido (y picaresco…). El ejemplo válido es no conducir si se ha bebido, el ejemplo es no ingerir fármaco alguno si se ha bebido, pues puede potenciar los efectos de pérdida de reflejos, comportamiento eufórico y mal cálculo de distancias… (ah, perdón, que sólo rozó al camión).
Mientras la Dirección General de Tráfico se gasta un pastón en una campaña publicitaria advirtiendo de los 400 muertos al año en carretera por causa del alcohol, y exhorta a los ciudadanos a no conducir si se ha bebido, un coro de voces laudatorias que intentan mostrar el martirologio de Valdeón no hace sino desafinar con sus estribillos.