El AVE Palencia-León no puede seguir ‘frenado’
EL FERROCARRIL entre Palencia y León es una línea de AVE, pero de momento solo de nombre, puesto que el tren solo alcanza un velocidad de 250 kilómetros por hora, cien por debajo de sus posibilidades. Hay una explicación razonable para ello, la instalación del sistema de frenado que ofrece la seguridad adecuada para poder utilizar todas las prestaciones de velocidad. Se trata del ERMTS, que ya está instalado en el trayecto entre Madrid, Valladolid y Palencia y que debería ponerse en marcha en el tramo desde la capital palentina a León en el mes de octubre. Eso es lo que prometió el Ministerio de Fomento, un compromiso que asumió personalmente la entonces ministra Ana Pastor, hoy presidenta del Congreso. Tal y como publica hoy este periódico, la promesa se va a incumplir. El nuevo sistema no se prevé poner en marcha en lo que queda de año, como pronto a principios del que viene. Eso significa que aumentan los meses en los que el tren no será un AVE de verdad mientras circula entre Palencia y León.
Se alegan dificultades técnicas para justificar el aplazamiento, aunque resulta un tanto extraño la dimensión del retraso para un problema que seguro que ha dado en otras líneas. El hecho de que haya una situación política en España de interinidad hace sospechar que a las posibles causas técnicas tal vez se sumen otra derivadas de la imposibilidad de formar gobierno. En este caso sí que no habría justificación alguna, dado que un Gobierno en funciones está perfectamente capacitado para continuar con la ejecución de la instalación del sistema de frenado.
La voluntad política puede permitir una agilización del plazo para la puesta en marcha del nuevo sistema de frenado, como han confirmado varias fuentes a EL MUNDO, y eso parece indicar que la interinidad del Ejecutivo central efectivamente puede afectar a la velocidad del AVE entre Palencia y León. No es de recibo que se produzca un retraso perfectamente evitable, pero el temor aumenta si se tiene en cuenta la incertidumbre política actual, que puede derivar en unas nuevas elecciones a finales de año. El Gobierno, aunque esté en funciones, debe ponerse manos a la obra para que el tren pueda circular a 350 kilómetros por hora cuanto antes y así hay que exigírselo desde Castilla y León. No hacerlo puede llevar al riesgo de que los usuarios del ferrocarril sufran un retraso aún mayor si los políticos nacionales siguen sin conseguir una solución a la gobernabilidad. Para una inversión como la que supone un AVE es un despilfarro cada día que pasa sin que pueda utilizarse para lo que fue diseñada. El Ministerio de Fomento es el primero que tiene que correr más.