Creado:

Actualizado:

Mucho se debate últimamente sobre la manera más o menos acertada de llamar al nuevo terrorismo global que nos amenaza. Llamar a los descerebrados que cometen atentados en nombre de Alá o del Estado Islámico, yihadistas, islamistas o islámicos no es lo mismo ni cosa baladí. Entrar ahora en la polémica de si el Islam conduce irremisiblemente a la violencia -como algunos acusan- o no, ni lo pretendo ni creo que resulte clarificador. La mayoría de las religiones tienen un aspecto bueno, que es el de la mejora individual, y otro mucho más discutible que atañe a su dimensión colectiva: me refiero a la necesidad o «misión» de convencer a quienes no creen en lo que tú que deben convertirse a la fe del único Dios verdadero -que es el tuyo- por las buenas o por las malas.

Pero me parece que el terrorismo del que tratamos tiene mucho menos que ver con la fe y la religión que con la identidad: como buena parte de los terrorismos. Incluso -o precisamente- en tiempos de lo que algunos autores denominan «identidad líquida», es decir, la que puede venir marcada por una pertenencia a un grupo constituido en razón de la moda (estilos de vestir o gusto musical) y no de las creencias, la ideología o la extracción social. El problema que parece englobar a muchos de estos terroristas que pasan de coger el vaso en la discoteca a empuñar el arma, sobreviene cuando -a pesar de sus esfuerzos para integrarse en una de las identidades líquidas de la sobremodernidad- alguien siempre les recuerda que no son exactamente como los demás por su acento o el color de tez, porque sus padres o abuelos vinieron del Norte de África y en su familia se siguen aplicando costumbres vistas como «raras». ¿De dónde considerarse, a qué identidad asirse cuando los que deberían ser tus conciudadanos se empeñan en negarte que eres como ellos? Hay varias salidas: desde la de integrarte por méritos propios a una comunidad profesional a convertirte en furibundo hincha de un club de fútbol. Y hay quienes se abrazan a la peor opción: causar el terror a los otros.