Dramático arranque del periodo estival en las carreteras
EL PERIODO ESTIVAL es particularmente conflictivo en las carreteras de Castilla y León por el volumen de tráfico que acogen debido a la extensión de la Comunidad y a que consituye un lugar de paso hacia otras comunidades. Pero el balance de accidentes contabilizados cuando todavía no ha terminado el mes de julio mucho está resultando mucho más dramático que el anterior.
De hecho, el arranque de la época estival en las carreteras de Castilla y León acumula ya 21 víctimas mortales hasta ayer mismo, casi el doble que las registradas en julio del pasado año, cuando se contabilizaron 11 fallecidos.
Este incremento de muertes en época estival se debe a los accidentes registrados en cinco provincias, en particular en Burgos, donde el incremento de víctimas mortales en las carreteras ha pasado de una única persona a las nueve registradas en siete accidentes. También se ha producido un aumento considerable en Ávila, que pasó de sumar un solo muerto en sus carreteras el año anterior, a los cuatro que de momento ha registrado en el presente mes, debido al simiestro del pasado día 14 en el que fallecieron tres trabajadoras de una explotación agraria. En lo que va de año, la cifra de fallecidos en las carreteras que cruzan la Comunidad ya ha superado la del pasado, al sumarse los tres contabilizados durante la jornada de ayer en distintas provincias.
El factor humano está detrás de la inmensa mayoría de los accidentes que se producen en las carreteras. La causa más habitual de los siniestros, en algo más de la mitad de los casos es la distracción por somnolencia, con un 52,63%. Le sigue el exceso de velocidad, con el 22,81% de los casos y, en tercer lugar, el no respetar la prioridad con un 10,53% de la causalidad. Abuso de alcohol y drogas, adelantamientos, conductas temerarias o la irrupción de viandantes en la calzada completan las causas de los accidentes de tráfico. Es relevante saber que la gran mayoría de estos accidentes tienen lugar en carreteras convencionales, donde se registraron el 70,2% de los accidentes, frente al 28,1% en carreteras de alta capacidad.
Todo ello lleva a concluir que la prudencia debe ser la principal acompañante de los automovilistas. Pero también es esencial la labor de los agentes de tráfico, cuya presencia en las carreteras no solo intimida y obliga a los conductores a respetar las reglas, sino que da seguridad. El principal trabajo de estos agentes no debe ser el de estar agazapados con el radar tras un matorral para multar a los conductores, por un mero afán recaudatorio, mentras no se les ve en las carreteras, como no se ve a los policías en las calles. Es mejor que sean visibles para tranqulizar o disuadir de cometer infracciones a los automovilistas.