Diario de Valladolid

EDITORIAL

Esperpento político con la consulta del soterramiento

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EL soterramiento del ferrocarril a su paso por Valladolid es un asunto serio para la ciudad a pesar de que ayer pudiera parecer un sainete al ver al concejal de Urbanismo, Infraestructuras y Vivienda, Manuel Saravia, renunciar a la consulta popular anunciada. Su empeño exclusivamente personal, en contra incluso del criterio de sus afines políticamente, ha desembocado en un esperpento político que no merece ninguna ciudad y menos la capital de la Comunidad. Hay que reconocer al concejal dignidad política al asumir su fracaso personal. Es un comportamiento que no es habitual en la política con el que al menos Saravia da un ejemplo, aunque en la explicación de las causas del fiasco haya eludido la principal, que estaba totalmente solo, que ni su grupo político ni sus socios ni las asociaciones de vecinos estaban de acuerdo con la consulta que proponía. Ese es el origen del esperpento que ha protagonizado con su empecinamiento. La política es algo más que las ocurrencias, obliga a medir mucho cada paso y es muy difícil avanzar sin apoyo. El error de Saravia es precisamente ese, pretender ir solo en un viaje que finalmente ha sido a ninguna parte.

Sus intenciones seguro que eran buenas y perseguía un ideal, pero el camino que decidió recorrer en solitario ha supuesto una pérdida de tiempo y dinero, con viajes, por ejemplo, a Madrid para conocer el modelo que quería imitar para realizar la consulta. Es posible perder en un proyecto, fracasar, y no ser merecedor de reprobación, porque a veces hay que arriesgar para avanzar y el tropezón es imprevisible. Pero no es el caso, porque la temeridad solo por causas extremas puede justificarse. Yuno es temerario cuando es conocedor de que tiene todo y a todos en contra. La razón que ayer esgrimió Saravia para renunciar a la consulta, la falta de consenso de los grupos, la conocía antes de embarcarse en la solitaria aventura y sabía que ni siguiera contaba con el acuerdo de los suyos. Si la ausencia de acuerdo hubiera sido solo con la oposición no habría habido ningún problema, como no lo hubo para tomar la decisión de volver a municipalizar la gestión del agua.

Asumir su fracaso personal es meritorio, pero eso no le exime de su responsabilidad. Lo que le ha faltado es talla política, y ostentar un cargo como el de teniente de alcalde requiere una mayor consistencia. Porque la política no es solo carga de idealismo, necesario, pero que debe ir acompañado siempre, sobre todo cuando se tienen responsabilidades de gobierno, de una importante dosis de pragmatismo. El barco en el que se empeñó en zarpar Saravia hacía aguas y él lo sabía, pero no le ha importado llevarlo al naufragio y con ello al bochorno a los vallisoletanos.

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