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Mientras la tropa menguada aguardaba expectante hasta ver si Rajoy iba a reincidir en la indolencia de Tancredo o esta vez aplicaría la borgiana estrategia de la araña, sumiendo en el desconcierto a héroes y traidores, unos y otros fueron pasando por el balcón de las confesiones a dejar en claro tanto sus dudas como sus anhelos. Lo que nadie supo advertir es que esta vez Mariano iba a recurrir a la estrategia de la avutarda, que puso en práctica proponiendo sucesivos descartes para la vicaría del Congreso, hasta llegar a su lugarteniente Ana Pastor Julián, zamorana de Cubillos del Pan y persona de su máxima confianza personal y política.

Por el camino fue quedando la siembra de proclamas y esparajismos de sus rivales y allegados, tanto los de siempre como los nuevos. También alguna celada inadvertida, como el imán tendido a los nacionalistas para que arroparan la elección de su mesa del Congreso. Los tiempos corren que es un prodigio, pero cómo no recordar en este punto los ruidosos aspavientos del inmundo Soria por la cesión de unos senadores socialistas para que los catalanes formaran grupo en la cámara alta durante el proceso fallido de la undécima legislatura. Entonces Soria era uno de los charlatanes más allegados a Rajoy, hasta el punto de que pudiera decirse que vocalizaba la opinión presidencial. Pero aquel incidente invernal no sólo fue reprendido por boca de ganso, sino que también el indolente lo tachó como «gran error» durante su hibernación.

Medio año de enredos para llegar a estas playas, donde la política ha prescindido de la lentitud. Es verdad que incluso antes de adoptar la terracampina estrategia de las avutardas, Rajoy fue machacando las adivinanzas y pretensiones de la rueda de aspirantes. Uno consumido por las enmiendas de sus propios pregones, el otro por el hartazgo de sus teatrillos y el de siempre por la voracidad de un entorno acuciado por las prisas. Desmontado por su propia torpeza el discurso de la nueva política, los primeros pasos de la duodécima legislatura vuelven a los cauces de toda la vida, agrupando al centro derecha jacobino y nacionalista en brazos de Mariano.