Diario de Valladolid

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A MÁS DE UNO y de dos le habrá extrañado que Albert Rivera, que no hace muchas fechas repudiaba a Rajoy a los cuatro vientos, haya aceptado a Ana Pastor, la gallega que se dice a sí misma de Benavente cuando recala por Castilla y León, como presidenta del Congreso. No hay nada que sea más Rajoy, después de Rajoy, en el gobierno de Rajoy, que la propia Pastor. Albert Rivera acabará convirtiéndose en un clásico de la cosa esta de la política. Por no aludir al grado pelín sectario que luce la hasta ayer mismo ministra de Fomento, que se va dejando empantanadas las autovías de León-Valladolid y Soria-Valladolid. Por no decir que, el AVE, como tal, con su velocidad, sigue sin pasar hacia el norte (Palencia y León) desde la capital del Pisuerga. O ese enorme boquete en la montaña que heredó del faraónico Zapatero en Pajares rumbo a Asturias. El de León enterró una millonada en un túnel que no se sabe si alguna día verá la luz y la de Galicia echo unas cuantas paladas más de cientos de millones para tapara fugas que siguen ahogadas por el agua. Son certezas del mismo calibre que la vallisoletana Isabel García Tejerina es una pieza clave para el futuro gobierno de Rajoy, si finalmente consigue formarlo, como todo parece indicar. Una ministra que se ha implicado y preocupado por la Comunidad, especialmente desde el sector agroganadero que rige su departamento. Es más que probable que en vista de los resultados que ha ofrecido siga en las misma cartera. Aunque no es nada descartable, que en vista de la buena imagen que ofrece de persona normal y cercana, escale posiciones en un ejecutivo y un partido tan necesitado precisamente de las citadas cualidades. La codiciada cartera de Fomento está libre. Y no estaría demás una de la tierra en ese cometido vista la herencia.

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