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Andan los del PSOE deshojando la margarita de si quieren o no a Rajoy. De si lo quieren mucho, poco o nada. De si tienen que quererlo, aunque sea forzado y un poquito, para evitar el ridículo de unas terceras elecciones. Y no se han dado cuenta de que el problema lo tienen en casa. En el PSOE cobra vida, como en ningún otro partido, ese ‘al suelo que vienen los nuestros’ del Conde Romanones, que después acuñaron otros como el ministro franquista Pío Cabanillas o el sempiterno Alfonso Guerra.

El problema del PSOE son eso, los suyos. Esa tropa que se reúne en esos comités en los que aquello de ‘aquí cada uno va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío’ se convierte en el leit motiv de algunos como los Rodríguez, Soraya y Tino. Estos que dicen políticos, solo porque siempre han vivido de ella por obra y gracia de aquellos que han premiado sus traiciones, son el ejemplo más claro del peligro que representan esos nuestros de los que alertaba ya el Conde Romanones.

Claro que la palma se la lleva la presidenta del PSOE de Castilla y León, por obra y gracia de Luis Tudanca. La eterna diputada no ha tardado ni un segundo en traicionar a quien la colocó en un puesto para el que no había hecho mérito alguno, y decirle que no, que hasta aquí podían llegar, que este Tudanca será el secretario autonómico pero que a ella no le representa. Ella solo atiende a Madrid. Y ya ni eso, porque en cuanto ha podido se la ha clavado por la espalda también a Pedro Sánchez, ese que han querido presentar poco menos que como el Willy Brandt español y va camino de ser el Hernández Mancha del PSOE, para alinearse con Eduardo Madina en su crítica por el pésimo resultado. Hay que ser muy caradura para plantarte en Madrid y decir que el resultado electoral es malo, que lo es, y callar aquí en Valladolid, donde Soraya Rodríguez ha llevado al PSOE a la debacle de un solo diputado.

En todo esto de apoyar o no a Rajoy si ha habido alguien que hablado claro y que nunca ha cambiado su discurso es Tudanca. Su no al PP y al presidente en funciones es rotundo y no quiere oír hablar ni siquiera de abstención. Es más, el líder socialista prefiere que lo vuelva a intentar Sánchez o unas terceras elecciones, aunque supusieran más voto para el PP porque entiende que el bipartidismo saldría reforzado sobre Podemos y Ciudadanos, que permitiría gobernar a Rajoy, lo que según él sería la muerte del socialismo. Y eso lo conocen todos en el seno de la dirección del socialismo castellano y leonés, incluidos los Rodríguez, que ahora se rasgan las vestiduras. Solo una pregunta a Tudanca y los socialistas: ¿Si Rajoy tiene que buscar apoyos en sus aliados naturales como Ciudadanos, por qué el PSOE pactó con ellos tras el 20-D?