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CUANDO el fin justifica los medios, la democracia se hunde. Todo un ministro del Interior del Gobierno del PP utiliza sin escrúpulos los medios del Estado para acabar con su rival político. Gracias a una grabación publicada por el diario Público sabemos que Fernández Díaz se esmeraba con fondos de todos en encontrar la corrupción de sus enemigos catalanes para impedir una consulta, cuando los propios escándalos salpicaban un día sí y otro también las entrañas de su partido.

Los ciudadanos juzgan pasado mañana a quienes han gobernado este país durante cuatro años. Me pone de los nervios que el secretario general del PP de Castilla y León, alcalde de Salamanca y jefe de la Comisión de Garantías del Partido Popular sea incapaz de censurar mínimamente al ministro de las cloacas. Si Mañueco traga de esta forma con aberraciones de tanto calibre, es lícito pensar qué no habrá justificado a sus camaradas en asuntos que no hayan trascendido.

El célebre poema de Bertolt Brech –«Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista…»– cobra un significado especial cuando el PP se hunde en una isla de silencios internos rodeada del clamor que exige una dimisión más que razonable. Estoy convencido de que afiliados honestos del Partido Popular se sujetan la nariz al conocer lo que fluye por las alcantarillas de su formación y la complicidad de dirigentes como Mañueco.

Menos mal que hay subalternos de Fernández Díaz que colaboran con eficacia en acercarse a otras cloacas próximas a este partido. Es el caso del informe policial sobre el patrimonio del ex viceconsejero de Economía de la Junta, Rafael Delgado. Mientras no despeje asuntos dudosos de sus relaciones con su amigo y ex alto cargo de la ADE, Alberto Esgueva, las sospechas de enriquecimiento personal se dispararán con toda lógica. ¿Alguien puede entender que empresas del sector de las renovables le transfieran dinero para costear bienes muebles e inmuebles cuando él tenía competencias sobre las licencias?

Puede que sea un caso menor, pero esta sociedad está muy harta de quienes utilizan los cargos públicos para enriquecerse. Las más altas instancias de la Junta conocieron parte de estos hechos. Es posible que hasta informes escritos llegaran a sus manos. A Delgado le apartaron disimuladamente, a pesar del lamento de su jefe inmediato. Rajoy prefiere mantener al ministro, a pesar de una grabación que revela su indignidad y sus miserias. Quedan horas para juzgarlos.