Diario de Valladolid

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A PUNTO de cumplir los 75 en la despedida de este mayo, el premio Cervantes Antonio Gamoneda nos muestra «la ropa interior del alma» en la antología Niñez (2016), seleccionada por su hija Amelia, profesora en la universidad de Salamanca. El volumen reúne poemas referidos a su memoria de los años del frío, al recuerdo de sus hijas niñas y al espejo de futuro que le ofrece su nieta Cecilia, destinataria de un libro anterior del poeta.

Durante años, Gamoneda, finalmente valorado como uno de los grandes de la generación del medio siglo, fue autor de un único libro, Sublevación inmóvil (1960), situado en la estela moral de Camus. El tropiezo con la censura en los sesenta de Blues castellano (que en algún momento de aquella clandestinidad se llamó Actos, como recuerda José Batlló, uno de sus fallidos editores) lo había depositado en una sabia contención, después de haber vivido sus laureadas mocedades de lírico floral. Gamoneda había tenido unos años triunfales en las justas festivas, hasta el punto de que el éxito le obligó a repartir estipendios con un sosias, que calzaba el esmoquin, acudía a los festejos, declamaba, bailaba con la reina y le protegía las neuronas del bochorno. De aquella vertiente rimada salvó un libro modélico: León de la mirada (1979).

La revelación de Descripción de la mentira (1977), uno de los hitos poéticos de la transición, convirtió a Gamoneda en autor exento y sin cuadrilla, cuya salmodia sobresale entre tantas poéticas intercambiables. Es la cantata versicular del Faulkner del Porma, a cuyo cobijo se alimentan, en sus estancias de La Vega de Boñar, aquellas pulsiones de la memoria. La catástrofe de las ausencias, el clamor de la ruina. A unos pocos quilómetros, aguas abajo, de la Región benetiana. Un armario lleno de sombra (2009) repasa la infancia del poeta, aquel tiempo menesteroso acuciado por los estragos de la penuria. El tumulto de los recuerdos se decanta en una prosa trabada con destellos de belleza perturbadora. No es el recreo del lírico, sino el relato implacable de una conciencia maltrecha y en trance de confidencia.

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