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LAS CORTES se van a León por un día. Y lo hacen para rendir homenaje a esa Cuna del Parlamentarismo, que la Unesco declaró como Patrimonio de la Humanidad y que tiene que ser motivo de orgullo, y a los 20 años del Procurador del Común, si es que aquí hay algo que celebrar.

Pero a la UPL la idea no le hace gracia. ¿Cuál es la diferencia entre el pleno de hoy y mañana, por ejemplo, en el que Luis Mariano Santos ocupará como siempre su asiento, y el de León que tendrá lugar en mayo? ¿Qué es lo que le molesta y no le gusta a la UPLy a Luis Mariano Santos? ¿Que sea en León? ¿Que se reconozca San Isidoro como la sede del primer parlamento de la historia? ¿Los 20 años del Procurador del Común? O, sencillamente, ¿que no se les haya ocurrido a ellos la idea?

Luis Mariano Santos está en su perfecto derecho de oponerse, pero que hable claro. Que diga sin paños calientes, ni medias tintas por qué no quiere que las Cortes se reúnan en León. Y no vale aquello de que está en contra de Castilla y León, porque cada 15 días pasan revista en las Cortes y a él le falta responder aquello de presente y cuartel. Como no puede ser de otra manera, por otra parte. Para eso se presentó y lo eligieron los leoneses, que no se olvide.

No se entiende el porqué del rechazo a la celebración de ese pleno. Tiene narices que el único que ponga reparos a que se saque de Valladolid un pleno de las Cortes, para llevárselo a León y ensalzar allí un hito histórico y a la única institución autonómica con la que cuenta la provincia, sea el procurador de la UPL.

Aunque para narices, el ministro Cristóbal Montoro y su búsqueda de culpables para justificar el desfase del gasto público de su Gobierno. Ahora mira hacia las comunidades autonómas y las señala como responsables. Muy bien, que lo haga, pero que diferencie bien, porque no todas son iguales. Y sino que repase las cifras, esas de las que tira como excusa para quitarles el pan y la sal, junto con el ínclito José Manuel Soria, a los mineros.

Ahora que lo más ruin es tratar de culpar a los enfermos de hepatitis C de ese desfase del déficit. La única realidad es que estos enfermos venían sufriendo la sinrazon y el sinsentido de un Gobierno, el de PP, y de un ministro, el de Sanidad Alfonso Alonso –otro ilustre ‘popular’–, que les negó, a ellos también, el pan y la sal de la salud. ¿Quiere buscar culpables? Pues el viernes, en esa reunión de ilustres que hacen en La Moncloa, que eso es lo que son ahora en funciones, mire más allá de sus narices y los tendrá a todos.