Democratizar para aniquilar
HE LEÍDO con interés un artículo titulado Democratizar la Semana Santa. Lo ha escrito un diputado de Podemos. Sevillano. Allí, a la orilla del Guadalquivir, desde esas mismas filas existió hace un par de años algún movimiento muy democrático para poner en tela de juicio la legitimidad en la celebración de la Semana Santa. Podemos no pudo, y ahora toca fagocitar. Incluir en el inventario, hacer medias aritméticas, desnaturalizar y, así, desactivar ritos y creencias.
Sobre eliminar lo que molesta ha realizado una prueba con fuego real Pablo Iglesias hace unos días. Ha parecido un accidente, no sea que alguien le afeara su conducta por falta de espíritu democrático.
Cuando quienes niegan la libertad (bajo aforismos que aparentar defenderla y potenciarla), sea Podemos o quien sea, ofertan fórmulas para democratizar no hay duda: se trata de aniquilar. Con la Semana Santa sucede lo mismo que con la tauromaquia. Negar que el toro muera en la corrida es ahogar el rito, aniquilar la esencia. La lidia es un rito de sacrificio, se mire por donde se mire. Si se celebran o no se celebran corridas no es la verdadera disyuntiva; en realidad la decisión crucial es si pierde o no su carácter esencial.
Sí, sí, ya sabemos que la Semana Santa también comporta turismo y manifestaciones artísticas, y que cofrade se puede ser con o sin asunción de los dogmas de la Iglesia. Y también sabemos que el futbol es dinero, sentimientos sociales, regionales y nacionales, y el uso e imagen que de él se da en los medios de comunicación. Pero el fútbol, es, ontológicamente, dar patadas a un balón.
La Semana Santa es una manifestación religiosa, guste o no. De un sentimiento y de unas creencias. A mí, particularmente, las procesiones me llaman poco la atención, pero no caeré en la majadería de negar cuál es su razón y su fuente.
No es de extrañar que Podemos quiera democratizar la Semana Santa. Y que así su Pablo del Gran Poder pueda cesar al apóstol que no comulgue con él.