Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

El circo y los titiriteros

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Hace meses viajé con dos payasos que iban a recibir un curso de formación. Me impactó su profesionalidad y sus ganas de formarse; me convencieron de que esto del circo no es una broma. Serrat nos habló hace años de aquel vagabundo que de plaza en plaza canta su pena; nos describió su tristeza y su soledad, al tiempo que pronosticaba –»quizá»– la queja del titiritero al alejarse.

Estamos en cuaresma y bien harían algunos, en estos 40 días que van del Carnaval a la resurrección, en practicar la debida penitencia por esa hipocresía de la que son casi incapaces de desprenderse. Hipocresía la del PP en la comisión de la trama eólica al oponerse a que comparezca, precisamente, quien la denunció y quien más conoce la presunta corrupción organizada en edificios públicos. Hipocresía la de Raúl de la Hoz al atreverse a tildar de circo a quienes piden que comparezca la delegada de la Agencia Tributaria, Georgina de la Lastra, que es la que tiene en su poder el relato más detallado de los supuestos que se cometieron. ¿Acaso el también abogado y (ex)socio de alguno de los implicados teme que le salpique el caso y por eso acusa a la oposición de convertir en un circo lo que es de sentido común?

Señores del PP, no teman. La delegada de la AEAT, en nómina de Montoro, no se va a vengar de ustedes. Ni por sus merecidas críticas al ministro en funciones ni por su airada forma de prescindir de ella en la Junta. Esa agencia ha dado con este equipo más pruebas de independencia que con otros. ¿Es ese el circo que teme De la Hoz? ¡Pues que vivan los payasos, ahora que son mayoría, y que apuntan con más profesionalidad y rigor!

Porque, donde brillan por su ausencia la profesionalidad y el rigor es en ese amargo carnaval creado con los titiriteros que nos hablan de sueños y miserias. Uno iba a pedir aquí su libertad cuando hasta el fiscal se ha dado cuenta del tremendo ¿error? de encarcelarlos por enaltecimiento del terrorismo. En la obra La bruja y don Cristóbal un policía coloca un pequeño cartel al lado de la bruja con el ‘Gora Alka-ETA’ para acusarla de terrorismo. Una denuncia de manipulación con la que se puede o no estar de acuerdo, pero esa es la libertad de expresión de los autores en un momento en el que ni la organización terrorista es una amenaza aunque algunos la echen de menos. La otra polémica, la política, es libre.

Amenaza sí es la de quienes se aferran a un supuesto circo para limitar una investigación. Amenaza también es la de quienes pretenden acabar con los que en cualquier ámbito, de aldea en aldea, buscan cantar sus penas.

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