Diario de Valladolid

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EL CALLEJÓN del gato es un pasadizo entre el barrio de las Cortes madrileño y el de las Letras, donde reposa Cervantes en el olvido conventual después de los trajines televisados de su busca. Bastante más tranquilo que sus sucesores en el oficio de la pluma, perseguidos en su jubilación por el dúo Báñez/Montoro. Esta escabechina insensata afecta a los premios Cervantes Antonio Gamoneda y Caballero Bonald y a todos los creadores que no se resignan a la bartola. Ponen en riesgo con sus obras el cobro de una pensión conquistada con décadas de trabajo, a veces tan abnegado y subalterno como el de nuestro Cervantes Gamoneda. Y todo por no plegarse a vegetar, como ha sido costumbre acreditada de los administradores de esas pensiones: la pareja en funciones formada por la ministra Fátima Báñez y el secretario de Estado Tomás Burgos. Ambos coinciden en la peculiaridad de no haber cotizado jamás –y ya van teniendo edad- a la Seguridad Social con ingresos distintos a su actividad como parlamentarios o en cargos políticos. Una ignorancia que avala la temeridad de su persecución a los creadores.

Ni siquiera la agitación de estos días puede asfixiar los ecos de una persecución tan devastadora, que atenta contra la vitalidad de la cultura. Como si de un destello cervantino se tratara, por fin la luz de la Candelaria iluminó el proceso de investidura, atascado desde finales de diciembre. Todo venía trillado desde la primera ronda del desfile por Zarzuela. De aquel pasimisí, salió Rajoy como pasmarote que se inventa un pedido regio, al que aplica su desdén. Con tal precedente, no se le ocurrió a Felipe VI repetir encargo, planteando la encomienda de formar gobierno al zurrado Pedro Sánchez, muy fortalecido por la escucha del repertorio de cicaterías de sus dispersas baronías territoriales. La difusión de la parla socialista resultó el mejor aval para el candidato Sánchez, porque puso de manifiesto la mezquindad de aquellos irresponsables. Llegados a este punto, parece muy improbable que la gente alcance a digerir un rechazo del Partido Popular al único proyecto que según su líder garantiza la salida de la crisis. Sólo por no contar con él.

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