Redacción de Valladolid

La locura de las enmiendas

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LA ALOCADA competición de los grupos parlamentarios por presentar enmiendas parciales al proyecto de Presupuestos de la Comunidad ha empezado. Y en esa guerra también van a entrar las nuevas marcas, sobre todo Podemos. Si la intención del PSOE e Izquierda Unida por ganar esa inútil carrera por la presunta rectificación de las cuentas es la de exhibir ante la élite de sus votantes una expresión de implicación en sus problemas, sería más útil reducir su número para elevar su visibilidad. Porque dudo de que confíen en que el rodillo ‘popular’ les vaya a hacer favores a cinco semanas de las elecciones generales. Como mucho a C’s y a la UPL, tan despistados en su táctica como debilitados en su estrategia autonómica.

Animo al portavoz socialista, Luis Tudanca, a que haga un ejercicio de honestidad política y proclame ya la inutilidad del debate parlamentario sobre el Presupuesto. Que empiece por admitir públicamente que los debates a la totalidad, como el que se celebró este miércoles, no sirven de nada desde que Zapatero y Rajoy pactaron una “urgente” reforma de la Constitución, presionados por la dictadura de los mercados, que prohíbe endeudarse incluso en épocas de bonanza. Esa reforma que legitima que Castilla y León tenga que cumplir un objetivo de déficit tan exigente como para que con un crecimiento previsto del 2,7% haya menos gasto social a repartir entre los que menos tienen. Y todo porque al equilibrador Estado se le ha puesto la barricada del recorte del déficit.

Si Tudanca no es capaz de reconocer públicamente que su partido es, con el PP, responsable de este desaguisado y Pedro Sánchez no lo rectifica ni siquiera como proclama electoral, seguirán presos de sus actos y Castilla y León será una simple gestoría de Montoro, como ha sugerido CCOO.

En este contexto, dedicar el aparato administrativo del grupo parlamentario para registrar miles de enmiendas está más cerca del engaño que de la defensa de los intereses de los castellanos y leoneses. Reflexionen con el simil de Pablo Fernández cuando les compara con los motores trucados de Volkswagen y adviertan que el trabajo sucio en el Gobierno les hipoteca en la oposición.

Por eso, sugiero a Tudanca, a Sarrión y a los nuevos grupos que utilicen esos recursos de las Cortes en rastrear el cumplimiento del presupuesto, denuncien sus constantes modificaciones sobre el original y desvelen las partidas que no se gastan o se malgastan sin que nadie se entere. Y pongan nombre el consejero de turno.