Diario de Valladolid

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EMERGE CON fuerza el monstruo de la estrategia política en el último tramo de las autonómicas catalanas, en las que podemos observar, una vez más, que la honestidad ética y las capacidades intelectuales de la mayoría de los líderes no les permitirían alcanzar un puesto de media responsabilidad en un supermercado de barrio. Mientras tanto, se van apagando los ecos de quienes, sin duda alguna henchidos por su fina sensibilidad humana, muestran que todo el dolor del planeta, y quizá algo más, se concentran en los minutos en los que Rompesuelas perdió la vida junto al Duero.

Como sucede respecto de Cataluña, nadie quiere saber tampoco qué sucede en Tordesillas. Y hablo de legalidad, hablo de Estado de Derecho, hablo de Democracia. La ley es la autoridad y si la sociedad y el individuo no se someten a ella llega el caos. Y el verdadero sufrimiento. Dolor, además, de quienes sí tienen conciencia del mismo, los seres humanos.

No es tan diferente, en este plano, forzar una Cataluña independiente como querer suprimir la tauromaquia (lo del Toro de la Vega, salvo para panolis, es sólo el principio…). Sí, se trata de que lo legal deje de serlo sin seguir el cauce de la propia norma simplemente porque no me gusta.

Para algunos políticos catalanes, dicho en los términos económicos que a ellos les gustan, España les roba. Así que, se dicen, nos vamos. Seremos más ricos solos y entre nosotros no vamos a investigar los fraudes, corrupciones y comisiones varias… Y en cuanto a la tauromaquia se trata de abolirla porque el animal sufre. Claro, claro… Son ustedes tan buenas personas.

Gozan de mi compasión algunos de quienes defienden por escrito las tesis bambi-abolicionistas, pues ser escritor y que nadie les lea debe ser duro. A algún mástil se tienen que agarrar para dar viento a sus letras y a sus fotocopiadas ideas.

Si Cataluña es un pobre pueblo oprimido que debe liberarse del yugo de (el resto) de España, que acuda a la ONU y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Para lo de los toros vayan a los mataderos, aunque allí la muerte sucede seca y a oscuras.

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