Tsipras y letras
DESDE un pequeño porche diviso, defendido del inmisericorde sol, a la tropa de vacas que vigilan a sus pequeños, algunos de ellos nacidos en las últimas semanas. Su simpática y juguetona estampa mudará con el paso de los años hasta mostrar la arrogante y desafiante lámina del toro de lidia.Tiran con fuerza de la ubre materna, si bien pasados unos años no sólo no recordarán el vínculo, sino que se convertirán, progenitora y cría, en potenciales enemigos. Europa y Grecia, por ejemplo.
Leo, entre furtivas miradas hacia la piara de reses, a Iñaqui Gil. En Crónica, ya saben. Explica el origen griego de las palabras democracia y demagogia. El poder del pueblo y el poder del engaño, dicho en expresión rústica. Con el cambalache y el argumento trilero no es difícil conectar al tal Tsipras, al parecer adepto a las corrientes de lactancia materna hasta la edad adulta para su sociedad. El lenguaje, en letras y gestos, permite la manipulación si se es medianamente hábil. Las papeletas de la consulta ilegal catalana y las de ayer en Grecia hermanan su contenido en la predisposición para la confusión y el engatusamiento.
Las realidades se desnaturalizan y todo empeora. Y no sólo en política. Incluso en ámbitos de puro ocio. Un programa de televisión, de nombre Vaya fauna (no, no es sobre información parlamentaria) ha provocado una polémica que algunos cursis, o los que sacan tajada de su vitola de defensores (sic) de los animales, encajan en el maltrato.
Qué narices de maltrato. Pura desnaturalización. La gente se empeña en vestir al perro como si fuera el niño al que le pones la ropa que se te antoja, ajena aún la criatura al sentido del ridículo, o que gire alrededor de un balón o que… A la naturaleza se la ofende, y gravemente, cuando se olvida o disfraza su realidad. Cuando se traviste su identidad y su carácter en su minucioso mecanismo de estallido vegetal y en la cruel lucha por la supervivencia.
Y a mí, no sé porqué, en ese momento se me vino a la cabeza el zamorano Maíllo, que ha abandonado imagen y gesto provinciano (o eso cree él) para que en su contraste con Moragas sólo se diferencie por el volumen capilar. Pero no, aunque la mona se vista de seda… Pues eso, que vaya fauna