Diario de Valladolid

Las zapatillas más antiguas que las Nike están en un pueblo de Valladolid (y son un dulce centenario)

Las "zapatillas" de Portillo, un dulce centenario de Valladolid, conservan una elaboración artesanal que ha conquistado generaciones y ha llevado su fama mucho más allá de Castilla y León

La textura laminada y el glaseado blanco convierten a los mantecados de Portillo en uno de los dulces más reconocibles de Valladolid.

La textura laminada y el glaseado blanco convierten a los mantecados de Portillo en uno de los dulces más reconocibles de Valladolid.@cocinandoconhistorias

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Un pequeño pueblo de Valladolid guarda uno de los tesoros más sorprendentes de la repostería castellana. En Portillo, un dulce ovalado cubierto de glaseado blanco lleva siglos formando parte de celebraciones, sobremesas y recuerdos familiares. Los mantecados de Portillo, conocidos popularmente como «zapatillas», han convertido a este rincón vallisoletano en una referencia gastronómica gracias a una receta artesanal que sigue despertando la misma fascinación generación tras generación.

Portillo, situado a pocos kilómetros de Valladolid, presume de una tradición repostera que forma parte de su historia local. El llamado Mantecado de Portillo ocupa un lugar especial dentro de la gastronomía de Castilla y León por su textura laminada, su forma ovalada y ese característico baño blanco glaseado que lo recubre por completo.

La historia del producto se remonta siglos atrás. Según recoge la Diputación de Valladolid, existen referencias desde la Edad Media, aunque los documentos empiezan a multiplicarse durante la Edad Moderna. Una de las menciones más llamativas aparece en el año 1499, cuando el libro de actas del Ayuntamiento de Valladolid ya hacía referencia a un pastelero de la Villa de Portillo, un dato que ilustra el arraigo repostero de este municipio.

Durante el siglo XVIII, Valladolid y sus alrededores se consolidaron como una de las principales zonas cerealistas del territorio que hoy forma Castilla y León, un contexto especialmente relevante para uno de los ingredientes fundamentales del dulce: la harina. El gran impulso del Mantecado de Portillo llegó hacia 1800, momento que la Diputación de Valladolid define como la época del máximo esplendor del Mantecado de Portillo, convertido entonces en un imprescindible de celebraciones y acontecimientos sociales.

Las referencias al dulce siguieron creciendo durante el siglo XX. La institución provincial explica que «a partir del 1900 se recrea nuestro típico Mantecado de Portillo, en muchos escritos, innumerables leyendas y libros, sobre fiestas y costumbres de esa época».

Los mantecados de Portillo mantienen una receta artesanal que conquista desde hace generaciones

El prestigio del mantecado de Portillo tiene mucho que ver con una elaboración lenta y especialmente minuciosa. La Diputación de Valladolid destaca que su producción continúa siendo limitada debido a un proceso artesanal que exige dedicación y precisión.

Los ingredientes apenas han cambiado con el paso del tiempo. La receta tradicional incluye manteca de cerdo, azúcar, harina, huevo, canela y aguardiente o vino. Esa mezcla sencilla consigue un resultado reconocible al instante por su textura y por el acabado blanco brillante que cubre el dulce.

Uno de los rasgos más llamativos del producto reside en su paso por el horno. Según la información de la Diputación de Valladolid, los mantecados atraviesan tres procesos de horneado: «un cocido y dos secados en baño blanco glaseado». Ese trabajo pausado ayuda a conseguir una textura laminada y un exterior delicadamente seco.

El programa Como Sapiens de RTVE mostró parte de esta elaboración en uno de los obradores tradicionales de la zona. Durante el reportaje, el pastelero explicaba que la masa se prepara con «manteca de cerdo, harina de trigo, huevos y vino», mientras que el baño exterior incorpora «agua, azúcar, vinagre, clara de huevo y azúcar tamizado o azúcar glas».

La cobertura blanca forma parte de la personalidad visual del dulce. Tras el secado final, el glaseado adquiere un aspecto suave y sedoso que recuerda al merengue.

Los mantecados de Portillo, conocidos como «zapatillas», conservan su icónica forma ovalada y su característico glaseado blanco

Los mantecados de Portillo, conocidos como «zapatillas», conservan su icónica forma ovalada y su característico glaseado blancoalojaguay.com

Los mantecados de Portillo, las «zapatillas» de Valladolid, han viajado por todo el mundo

El apodo popular del dulce añade otra capa de historia. En Portillo y Valladolid, muchos conocen estos mantecados como «zapatillas», un nombre inspirado en su forma ovalada. Durante Como Sapiens, uno de los artesanos explicaba el origen de la expresión al recordar que, en un bar frecuentado por estudiantes en Valladolid, alguien comentó sobre aquellas pastas: «parece una zapatilla».

La anécdota terminó convirtiéndose en identidad local. Con el tiempo, las «zapatillas» de Portillo llegaron mucho más lejos de Castilla y León. La Diputación de Valladolid asegura que, desde los años 60, el Mantecado de Portillo cuenta con reconocimiento «en casi todos los rincones de nuestro país» y también ha viajado a Filipinas, Australia, las dos Américas y gran parte de Europa.

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