RIBERA DE DUERO
Impacto de la Ribera de Duero a la economía de Castilla y León: mil millones al año y 14.900 empleos
La DO aporta el 1,3% al Producto Interior Bruto de la Comunidad y el enoturismo 79 millones

Viñedos de la Ribera del Duero en una imagen de archivo
La Denominación de Origen Ribera del Duero se consolida como uno de los grandes motores económicos de Castilla y León y del conjunto de España, con un impacto anual superior a 1.330 millones de euros de PIB y cerca de 21.000 empleos ligados directa o indirectamente a su actividad vitivinícola y enoturística, de los que 14.900 son en Castilla y León. El primer informe integral sobre su contribución socioeconómica y fiscal, elaborado por PwC para el Consejo Regulador y al que ha tenido acceso este periódico, cifra en 1.333 millones de euros el PIB total generado por la D.O. (1.254 millones vinculados a la producción de vino y 79 millones procedentes del enoturismo) y en 20.916 los puestos de trabajo sostenidos, de los que alrededor del 70% se localizan en Castilla y León. Además, la actividad conjunta de viñedos, bodegas, empresas auxiliares y servicios turísticos asociados aporta 459 millones de euros al año en impuestos y cotizaciones sociales y equivale al 1,9% del PIB de la Comunidad y al 2% de su empleo total, lo que sitúa a Ribera del Duero como un pilar estructural del desarrollo rural y del tejido productivo regional.
El estudio, presentado en Roa este miércoles, supone la primera radiografía completa del impacto de la D.O. Ribera del Duero en términos de riqueza, empleo, recaudación fiscal y dinamización turística. Encargado por el Consejo Regulador y elaborado por PwC, el informe analiza no solo los efectos directos de la elaboración de vino, sino también el impacto indirecto, tractor e inducido que se genera a lo largo de toda la cadena de valor, desde la viña y las bodegas hasta el transporte, la logística, la hostelería, el comercio y los servicios profesionales. El ámbito territorial de este ecosistema abarca 110 municipios de Burgos, Valladolid, Soria y Segovia, donde las condiciones climáticas y de suelo hacen de la Ribera del Duero una zona especialmente idónea para el cultivo de la vid y han conformado un tejido vitivinícola de fuerte arraigo local que vertebra buena parte de la vida económica y social de estas comarcas.
Sobre ese territorio se asienta un entramado empresarial de gran dimensión para tratarse de una denominación de origen. El informe recoge 316 bodegas registradas y 359 instalaciones, de las que alrededor del 90% son embotelladoras, lo que convierte a Ribera del Duero en la segunda D.O. de España por número de bodegas y en una de las denominaciones con mayor estructura productiva del país. Esa infraestructura se apoya a su vez en 26.647 hectáreas de viñedo en 2024, un 23% más que en 2018, cultivadas por algo más de 5.000 viticultores, tras un proceso de concentración y profesionalización que ha reducido el número de explotaciones pero ha incrementado su dimensión media y su capacidad productiva. En la campaña de 2024, la D.O. comercializó más de 68 millones de litros de vino, por un valor aproximado de 808 millones de euros, combinando ventas en el mercado nacional e internacional, y representa más del 7% de todo el vino con D.O.P. comercializado en España, concentrando cerca de una sexta parte del vino tinto con denominación de origen que se vende en el país.
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El corazón de esa contribución reside en la producción vinícola. La elaboración y comercialización de los vinos de Ribera del Duero genera 1.254 millones de euros de PIB al año en España, de los que 897 millones se quedan en Castilla y León, es decir, casi tres cuartas partes del impacto económico total, lo que evidencia el arraigo territorial de la actividad y su capacidad para generar riqueza en origen. El estudio detalla que este impacto se descompone en efectos directos, vinculados a la actividad de las propias bodegas y viticultores; indirectos, asociados a las compras a proveedores de insumos, maquinaria, vidrio, corcho o servicios; tractores, derivados del impulso que la marca y la producción ejercen sobre otros operadores; e inducidos, relacionados con el consumo que realizan los trabajadores y proveedores gracias a las rentas generadas. Por cada euro de PIB generado de forma directa por la actividad vinícola, se producen más de cuatro euros en el conjunto de la economía, y cada litro de vino comercializado se traduce en 18,4 euros de PIB, lo que refleja el elevado valor añadido del producto y la intensidad económica de toda la cadena de valor que hay detrás de cada botella.
El impacto de la Ribera del Duero no se limita a la producción de vino. El enoturismo se ha consolidado como uno de los grandes vectores de crecimiento futuro de la denominación y como un complemento clave para diversificar la economía rural. La Ruta del Vino Ribera del Duero recibió en 2024 un total de 381.083 visitas a sus bodegas y museos, con una estancia media de 2,85 días y un gasto diario por persona de 179 euros, destinado principalmente a restauración, alojamiento, compra de vino, entradas a bodegas y museos y otros servicios. Ese desembolso se tradujo en 68 millones de euros de gasto directo y en un impacto total en el PIB de 79 millones, una vez incorporados los efectos indirectos e inducidos sobre otros sectores de la economía regional. De media, cada enoturista que visita la Ribera del Duero genera un impacto económico cercano a los 585 euros, impulsando la actividad no solo de las bodegas, sino también de hoteles, casas rurales, restaurantes, comercios y pequeños negocios de los municipios de la ruta.
Dinamización territorial
Más allá de las cifras, el informe subraya el papel del enoturismo como herramienta de dinamización territorial. La Ruta del Vino articula una red de localidades que combinan patrimonio cultural, paisajes agrícolas, bodegas tradicionales y arquitectura del vino, ofreciendo una experiencia que refuerza la identidad de la Ribera del Duero como destino enogastronómico de referencia. El flujo de visitantes genera ingresos en sectores como la restauración, el alojamiento o el comercio local y amplía las oportunidades de desarrollo en pueblos que, de otro modo, estarían más expuestos a los efectos de la despoblación y al envejecimiento demográfico. Según el análisis de PwC, el turismo del vino de alto valor añadido que atrae la Ribera del Duero contribuye a diversificar la economía rural y a reforzar la imagen externa de Castilla y León como territorio ligado a productos agroalimentarios de calidad.
El empleo es otro de los grandes pilares de la contribución de la D.O. Ribera del Duero. Solo la actividad vinculada a la producción vinícola sostiene 19.552 empleos en España, de los que 13.595 se concentran en Castilla y León, lo que supone el 70% del total. A esta cifra se suman los 1.364 puestos de trabajo ligados al enoturismo, de manera que el ecosistema completo de la denominación sostiene 20.916 empleos, casi cuatro por cada ocupación directa en el sector. La estructura laboral es amplia y diversa: a los más de 5.000 viticultores se unen trabajadores de bodegas, técnicos, enólogos, personal de oficinas y comerciales, empleados de empresas auxiliares, transportistas y profesionales del turismo, la hostelería y el comercio que dependen de la actividad vitivinícola y turística.
El peso de estos puestos de trabajo adquiere una dimensión especial cuando se comparan con el conjunto del mercado laboral autonómico. Los 13.595 empleos vinculados a la denominación representan el 22% de todos los ocupados en agricultura, ganadería y pesca de Castilla y León, el 9% del empleo total de la industria regional y el 1,32% del total de trabajadores de la Comunidad. En conjunto, la aportación de Ribera del Duero equivale al 2% del empleo de Castilla y León en 2024, lo que la consolida como un pilar del desarrollo rural y una fuente de trabajo estable en comarcas especialmente afectadas por la pérdida de población. El estudio destaca que por cada trabajador directo se mantienen casi cuatro empleos adicionales en el resto de la economía, y que en el caso del enoturismo, cada empleo directo sostiene 11,9 puestos de trabajo en el conjunto del tejido productivo, con una fuerte concentración de los empleos indirectos en hostelería y comercio, que absorben el 78% del empleo inducido por el gasto de los turistas.
El informe incide también en la calidad y productividad de ese empleo. Ribera del Duero ha registrado un incremento del 80% en la productividad por viticultor entre las campañas 2018/2019 y 2022/2023, hasta alcanzar un valor de mercado estimado de 93.564 euros por viticultor, más del doble de la media del resto de denominaciones de origen españolas, situada en 42.548 euros. Esta evolución responde a un modelo cada vez más profesionalizado, con menos viticultores al frente de una mayor superficie, un fuerte impulso exportador y una apuesta constante por la calidad y el valor añadido. El documento describe cómo la viña, las bodegas y la comercialización del vino forman una cadena completa de valor que exige mano de obra especializada durante todo el año, genera sinergias con proveedores locales y abre oportunidades para perfiles técnicos y cualificados en el medio rural.
Mercado global
En cuanto a la internacionalización, la D.O. Ribera del Duero ha sabido adaptarse a un contexto global marcado por la caída del consumo mundial de vino y por una demanda que se orienta hacia productos de mayor calidad y diferenciación. En 2024, del total de vino comercializado, 12,4 millones de litros se destinaron a la exportación, por un valor de 173 millones de euros, lo que supone algo más de una quinta parte del valor total de las ventas.
El precio medio de exportación de los vinos de la Ribera del Duero se sitúa en 13,9 euros por litro, casi cuatro veces por encima de la media del vino con denominación de origen español, que ronda los 3,6 euros por litro. Este posicionamiento premium refleja una estrategia basada en el valor añadido y en la construcción de marca, que permite a la D.O. mantener precios sostenidamente superiores a la media nacional.
Los principales destinos internacionales de sus vinos son Suiza, México, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Puerto Rico, China, Países Bajos y República Dominicana, mercados donde la Ribera del Duero ha reforzado su presencia a través de campañas de promoción y participación en ferias y certámenes.
El informe sitúa este desempeño en el contexto del comercio exterior español, en el que el vino figura entre los diez productos con mayor superávit neto y contribuye a reducir el déficit estructural de la balanza de bienes. En paralelo, la D.O. concentra más del 7% del vino con D.O.P. comercializado en España y cerca de una sexta parte del vino tinto con D.O.P., y cuenta con una de las mayores estructuras de bodegas embotelladoras del país, solo por detrás de Rioja, lo que refuerza su papel como referencia del vino español de calidad en los mercados globales.
Contribución fiscal
La contribución fiscal es otro de los apartados que el estudio dimensiona con detalle. La actividad económica asociada a la D.O. Ribera del Duero genera cada año 459 millones de euros en impuestos y cotizaciones sociales, incluyendo cotizaciones a la Seguridad Social, IRPF, IVA e Impuesto sobre Sociedades. De esa cantidad, 431 millones de euros proceden de la producción vinícola y 28 millones del enoturismo, de modo que más del 94% de la recaudación está directamente ligada a la elaboración y comercialización del vino.
El análisis desglosa también la aportación por figuras impositivas, con 156 millones de euros vinculados a las cotizaciones sociales, 137 millones al Impuesto sobre Sociedades, 157 millones al IVA y 92 millones al IRPF, y concluye que por cada euro de impuestos directos vinculados a la Ribera del Duero se recaudan 6,2 euros en el conjunto de la economía española, gracias al efecto arrastre que genera el sector.
PwC calcula que el impacto fiscal total sería suficiente, a modo de referencia, para financiar más de 3 de cada 100 euros del gasto público autonómico de Castilla y León en 2024, lo que ilustra la relevancia de la denominación como fuente de recursos para las arcas públicas, aunque los impuestos no se recauden íntegramente en la región ni se asignen a partidas concretas.
En el plano territorial, el impacto económico y laboral de Ribera del Duero se concentra principalmente en Burgos y Valladolid, provincias que agrupan la mayor parte de las bodegas y de la superficie de viñedo y canalizan el grueso del PIB generado por la denominación.
El informe cuantifica que el peso de la actividad vitivinícola y enoturística de la Ribera del Duero llega a equivaler a entre el 2,5% y el 7,2% del PIB provincial en los territorios más vinculados a la D.O., mientras que en las provincias con menor superficie de viñedo el impacto se sitúa en torno al 0,3% y el 2,8%, reflejando distintas intensidades, pero en todos los casos una contribución relevante para economías fuertemente rurales.
El documento recuerda, además, que la pérdida de población en los municipios de la Ribera del Duero responde a un proceso general de declive demográfico en el medio rural y no a la actividad agraria, y subraya que el cultivo de la vid presenta una productividad 1,7 veces superior a la media regional, lo que refuerza su condición de sector estratégico para mantener actividad y empleo en estas zonas.
En conjunto, el análisis de PwC concluye que la D.O. Ribera del Duero ha logrado adaptarse con éxito a un entorno global de menor consumo de vino gracias a una estrategia de especialización en calidad, diferenciación y proyección internacional, combinada con el desarrollo de un potente enoturismo y una cadena de valor fuertemente enraizada en Castilla y León. La combinación de un precio de exportación casi cuatro veces superior al promedio nacional, un incremento de la productividad por viticultor del 80% en apenas cuatro campañas, un impacto económico equivalente al 1,9% del PIB autonómico y una aportación fiscal de 459 millones de euros anuales sitúan a la Ribera del Duero como una de las denominaciones de origen de mayor valor añadido y competitividad internacional, y como un activo clave para el desarrollo social, económico y fiscal de la Comunidad.