LA QUINTA ESQUINA
Enrique Pascual: "La Junta debe acotar las bodegas como espacios libres de macrogranjas"
El presidente de la D.O. Ribera del Duero asegura que la Administración autonómica "debería haber hecho algo ya hace tiempo" y reclama que se preserven las zonas vitivinícolas
El gerente de Bodegas Pascual ensalza la labor de los viticultores: "Invertimos en el medio rural donde nadie quiere invertir"

Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, durante su intervención en La Quinta Esquina.
El balance de la última vendimia en la Ribera del Duero, el impacto de los aranceles de Estados Unidos, la batalla por conquistar al público joven, el auge del enoturismo y la amenaza de las macrogranjas sobre el paisaje vitivinícola centraron anoche la intervención de Enrique Pascual García, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, en el programa La Quinta Esquina, organizado por La 8 Valladolid, Diario de Castilla y León – El Mundo y EsradioCyL. En la misma, reclamó menos burocracia y más apoyo público para un sector que definió como "el medio más activo para dar vida en el medio rural, el vino".
Según el presidente de la D.O., una de las amenazas que más inquietan a muchas bodegas de Castilla y León es la instalación de macrogranjas en entornos vitivinícolas y turísticos. Recordó que, aunque en los últimos meses el debate haya perdido presencia mediática, "sigue siendo una amenaza". "En un territorio como Castilla y León, donde es tan grande, donde hay para todo, yo creo que no pasaría nada porque realmente ciertas zonas las preservemos de cierto desarrollo", planteó. "La Junta debe acotar las bodegas como espacios libres de macrogranjas".
Puso el foco en un problema muy tangible: "La ganadería por ley natural desprende olores, desprende moscas, desprende muchas cosas que, lógicamente, a los humanos no nos agradan". "Si estás en un entorno que estás magnífico, que hay una inversión enorme por parte de una bodega que ha hecho un recinto donde da gusto ir y a cuatro pasos te ponen una granja, con todos mis respetos, que te va a desprender todas esas situaciones desagradables, a lo mejor ya el hecho de ir te lo piensas dos veces", advirtió.
Ante esta disyuntiva, fue claro en su petición a la Junta de Castilla y León: "Está en sus manos y yo creo que deberían haber hecho ya algo hace tiempo", indicó, recordando que llevan "insistiendo ya durante un tiempo" sin que se haya avanzado en una regulación que acote dónde pueden instalarse este tipo de explotaciones. "Creo que se debería haber puesto manos a la obra hace ya tiempo", insistió, antes de alertar de que "es posible que cuando ya queremos vayamos a dar el paso, igual llegamos tarde". Por eso reclamó que "se preserven esas zonas" vitivinícolas y enoturísticas, porque "no es nada malo" y hay "mucho terreno donde se pueden hacer cosas".
Por otra parte, dibujó un panorama optimista de la vendimia recién concluida en la Ribera del Duero, marcada por la cantidad y, sobre todo, por la sanidad de la uva. "El balance en principio es positivo, es decir, ha sido una cosecha que en principio, en verano se preveían a lo mejor situaciones que no iban bien, pero que luego el resultado final ha sido fantástico", resumió, antes de subrayar que "ha habido cantidad" y que se trata de la segunda campaña más grande de la historia de la denominación. El presidente concretó después la cifra clave de la campaña: "Ya estamos hablando de 129 millones de kilos y medio".
Para explicar este salto tras dos cosechas cortas, incidió en el papel determinante del tiempo. "El motivo, yo creo, como siempre, es la climatología", afirmó. "La climatología manda prácticamente todo o mucho a la hora de que una cosecha sea más generosa o sea menos", añadió, antes de recordar que este año "ha habido un invierno muy húmedo, un verano muy seco, que por eso luego ha sido tanta sanidad de la uva". En contraposición, la campaña anterior se vio mermada "sobre todo por los hielos y los pedriscos", que dejaron huella en varias zonas de la denominación.
La conversación derivó pronto a una de las grandes preocupaciones de los viticultores esta campaña, el mildiu, que afectó con dureza a otras zonas vitivinícolas de Castilla y León, pero apenas dejó rastro en la Ribera. "Cuando decimos salvado, al 100% no, pero sí en una inmensa mayoría", precisó Pascual. "Ha sido muy poquito lo afectado. Ha sido irrelevante", subrayó, en contraste con lo ocurrido en denominaciones vecinas, donde la combinación de ciclos más tempranos y determinadas condiciones de humedad favoreció la enfermedad.
Más allá de la viña, el presidente del Consejo Regulador se detuvo en el impacto que tienen los grandes escaparates mediáticos sobre la imagen internacional de los vinos de la Ribera del Duero, a propósito de la reciente boda de Stella del Carmen, la hija de Antonio Banderas, en la que el vino servido fue de esta denominación. Con prudencia, y sin querer exagerar, admitió que episodios así suman en la proyección de la marca: "Algo hemos aportado. Algo toca", concedió, para remarcar enseguida que "todo lo que se haga en el territorio bueno, al margen de donde se haga, creo que bueno es para todos. Lo bueno, bueno es".
Desde esa imagen global, Pascual viajó al corazón de una de las incertidumbres que han sobrevolado al sector en los últimos años: los aranceles de Estados Unidos. Admitió que, a día de hoy, viven todavía en un periodo de transición marcado por el acopio previo de vino por parte de los importadores. "Estamos todavía, y es verdad, aunque parezca mentira, en periodo todavía de saber lo que puede pasar", reconoció. "Los importadores lo que han hecho ha sido acaparar en ese periodo, más de lo habitual para, lógicamente, evitar el primer choque con los aranceles antes de que se supiese qué porcentaje se iba a incrementar", explicó.
Ese colchón de botellas hace que por ahora no se aprecie un frenazo claro en el mercado norteamericano. "De momento, como digo, no podemos destacar algo relevante al respecto", admitió, al tiempo que advertía de que el verdadero impacto solo podrá medirse "cuando eso se haya agotado y empiece con aranceles ya, de una forma normal, a ver en qué tanto por ciento o en qué volumen puede incidir". Para seguir de cerca esa evolución, recordó que "tenemos a nuestro director general ahí esta semana trabajando y con el proyecto que tenemos con Rueda, que van ellos de los dos consejos, y nos traerán alguna noticia fresca que nos vendrá muy bien".
En el terreno más interno, el presidente del Consejo Regulador defendió la seriedad con la que la Ribera del Duero califica cada añada, incluso a costa de renunciar a la etiqueta de "excelente" cuando las puntuaciones se quedan a apenas unas décimas. "Realmente somos muy rigurosos a la hora de calificar las añadas", enfatizó. Recordó que la cosecha de 2024 se clasificó como "muy buena" y no "excelente" porque "algún catador se quedó a lo mejor un poquito más cortito de lo que se hubiera deseado y faltó alguna decimilla para conseguir ese punto más alto que es el de excelente".
Frente a la tentación de inflar calificaciones, Pascual fue tajante: "Preferimos que esto sea serio y que cuando es muy buena, muy buena, rayando el excelente, como lo dije y es verdad, y que cuando es excelente es que es excelente de verdad". Para el dirigente, solo así el consumidor puede confiar en la palabra del Consejo Regulador y otorgar valor real a esas menciones de calidad que acompañan a las botellas.
Uno de los bloques centrales de la entrevista giró en torno al consumo interno y al reto de incorporar a las nuevas generaciones a la cultura del vino. Pascual reconoció que "estamos intentando" atraer a los jóvenes y que este objetivo es "nuestro caballo de batalla". Lejos de plantear una incorporación brusca, defendió una aproximación gradual: "Que entre en la cultura poquito a poco, que a lo mejor es como hay que entrar y luego, cuando ya se van tomando de una edad más madura y hay un conocimiento más, todo esté más asentado, pues se aprecia el vino de una forma diferente".
Como termómetro de esa relación con el público joven, puso un ejemplo muy concreto: el festival Sonorama Ribera. "El único termómetro que tenemos bastante riguroso es el del Sonorama Ribera, que es donde realmente nosotros ahí dimos un paso en principio arriesgado y ha resultado ser bueno", relató. "Dentro del recinto, que es donde tenemos la medición de lo que se consume, cada año se consume más. Eso es cierto", destacó, como prueba de que el vino puede convivir con la música en directo y con un ocio juvenil más desenfadado.
Pascual reconoció, sin embargo, que el sector cometió errores en el pasado al presentarse como un universo demasiado lejano para los más jóvenes. "Hubo un momento en el cual yo creo que el vino lo alejamos de la gente joven", admitió. "Había que tener prácticamente, para tomar una gotilla de vino, tener una cátedra porque si no es imposible y una copa determinada", ironizó, para después matizar que "hay una forma sencilla y bien hecha que queda muy bien y es asequible para todo el mundo" y que permite "disfrutar de una gota de vino" sin exigencias desmedidas.
Pese a ese cambio de mentalidad, el presidente recordó que "ya son muchos años los que el consumo de vino, la tendencia, es a la baja en general". "Si la gente mayor, que es el consumidor, por ley de vida se va acabando y no captamos a los jóvenes, pues hay algo", diagnosticó, convencido de que el sector vive un momento de cruce de caminos en el que se juegan una parte importante de su futuro.
El auge del enoturismo apareció entonces como una de las grandes oportunidades para revertir esa tendencia. Pascual defendió que visitar bodegas, viñedos y pueblos vinculados al vino es una puerta de entrada privilegiada a la cultura vitivinícola. "Sobre todo, familiarizándose con él, que es fundamental, acercándose al territorio, que es fundamental, conocer a la bodega, conocer el vino, conocer lo que hay en el territorio", explicó. "En el futuro yo creo que el enoturismo es el que va a tener mucho que decir", vaticinó.
Aun así, considera que España, y también la propia Ribera, tienen margen de mejora si se comparan con destinos vitivinícolas de otros países. "El enoturismo es algo que está todavía, yo me atrevo a decir, con todos mis respetos, pero en términos generales, comparado con otros países, en su desarrollo", valoró, pese a reconocer que "la ruta funciona de una forma fantástica" y que se trata de "la segunda mejor ruta de España".
Este diagnóstico enlazó con una reflexión más amplia sobre la capacidad de Castilla y León para creerse su propio potencial turístico y agroalimentario. "Nos cuesta vendernos", reconoció. Frente a esa timidez, reivindicó todo lo que la comunidad tiene para ofrecer: "Tenemos unos vinos fantásticos, un territorio maravilloso, una cultura, cuántos quisieran tener. Una gastronomía, es que es todo", enumeró. "Yo siempre soy de los que opino que tenemos que creernos que somos muy buenos, lógicamente siempre, pero también con una cierta humildad para no venirnos arriba y a lo mejor cometer errores", defendió.
La conversación dio entonces un salto a Bruselas y a la negociación de la nueva Política Agraria Común (PAC) y del llamado "paquete del vino". Pascual admitió que buena parte de esos debates exceden el ámbito concreto de las denominaciones de origen, pero subrayó que el sector está presente y organizado. "De momento las ayudas llegan, eso se cumple", reconoció, aunque advirtió que "parece que se van a mantener de momento" y que todavía "se está negociando la nueva PAC". Recordó que los consejos reguladores se coordinan a través de la Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas, que "tiene voz para hablar con un ministerio" y que incluso ha estado "en varias ocasiones en Bruselas defendiendo situaciones que ha habido complicadas".
Sobre las instituciones comunitarias, no ocultó la complejidad de influir en sus decisiones. Habló de "ese mastodonte que es la Unión Europea, Comisión, Parlamento", al que definió como "un monstruo que es muy difícil muchas veces que lo que tú digas llegue a donde tiene que llegar". Aun así, reivindicó que "nos reciben y decimos lo que pensamos, otra cosa es que luego nos hagan caso en todo o no".
Pascual también lanzó un mensaje hacia dentro del propio sector agrario y vitivinícola, al señalar que no siempre se ejerce toda la presión posible. "Yo creo que a veces también los actores implicados quizá no nos resistamos lo suficiente", admitió, incluyendo en ese "todos" a las organizaciones profesionales agrarias y a las asociaciones empresariales. "Teníamos que ser más críticos con las actuaciones y con las actitudes que se hacen en ese sentido", defendió, en referencia a las normas y condicionantes que llegan desde Europa.
Preguntado por las prioridades más urgentes para bodegueros y viticultores, el presidente del Consejo Regulador no dudó: "Las ayudas a promoción tienen que seguir vigentes, es fundamental", sentenció. A su juicio, son esenciales tanto las ayudas para promoción exterior como las destinadas a inversión. "Invertimos en el medio rural donde nadie quiere invertir", recordó, para justificar que el apoyo público al sector vitivinícola está plenamente justificado.
Junto a esa defensa de las ayudas, cargó con dureza contra el laberinto burocrático que rodea muchas de estas líneas. "La burocracia debería aminorarse porque es una barbaridad", denunció. "Esas ayudas que nos concede la Unión Europea sobre todo para promoción son tan complicadas, son tan burocráticas, hay que rellenar tantos papeles que no las pides", lamentó. En el caso de las pequeñas bodegas, considera prácticamente imposible acceder a ellas: "Es imposible tener una pequeña bodega, que son la mayor parte, tener acceso porque los papeles son imposibles de llevar adelante, es tan enorme", afirmó.
De ahí que, al ordenar prioridades, Pascual situara por encima incluso de la modernización de instalaciones la necesidad de vender más y mejor. "Es que yo creo que al final tenemos que tener claro que si no vendemos, da igual lo que hagamos", zanjó. "Si vendemos, lo demás todo viene", insistió, convencido de que la comercialización es el verdadero motor que arrastra después la inversión, el empleo y la fijación de población en los pueblos de la Ribera del Duero.
En esa misma línea, defendió con rotundidad el papel del vino como herramienta de desarrollo territorial. Frente a quienes critican las ayudas específicas al sector, respondió que hay que tener en cuenta el contexto en el que se invierte. "Somos el medio más activo para dar vida en el medio rural, el vino", reivindicó, antes de avisar de que si "mañana nuestros negocios no funcionan, lo que hemos hecho para qué vale". Por eso pidió "defender a capa y espada" las ayudas a la inversión y a la promoción, al tiempo que reclamó eliminar trabas administrativas y apostar por una comunicación más eficaz.