OVINO
«Si las administraciones no median con los precios, la ganadería está condenada»
José Luis Herrera, productor de ovino en el pueblo burgalés de Quemada, propone crear una «bolsa de empleo» para el sector
José Luis Herrera Núñez, muestra uno de los ejemplares de su granja, de raza Assaf como el resto.
José Luis Herrera Núñez es uno de los pocos ganaderos de ovino de leche que aún resiste en la comarca de la Ribera del Duero y en la provincia de Burgos. Y lo tiene claro: «Si las administraciones no median para equilibrar los precios, la ganadería está condenada a desaparecer».
José Luis lleva cuidando ovejas desde que, a los 9 años, su padre le enseñó a ordeñar. «Soy la tercera generación, llevo aquí 44 años y sé lo duro que es, pero también es mi modo de vida. Me gusta estar en mi pueblo, Quemada, me gustan mis animales, el campo... pero tiene que ser rentable para poder seguir», afirma.
La situación es límite
Sin posibilidad de contar con mano de obra, porque no hay forma de encontrar personas que quieran trabajar en ordeño, «aunque tengan días libres y vacaciones como el resto de sectores», y con nulas esperanzas en el relevo generacional, el trabajo es cada vez más esclavo. «Yo estoy solo para cuidar a poco más de 500 ovejas lecheras más los lechazos. Eso significa empezar el día a las 7.00 de la mañana y volver a casa pasadas las once de la noche, y así los siete días de la semana», señala, a sabiendas de que esa realidad le ha condicionado su vida. «La Administración podía crear una bolsa de empleo para la ganadería», propone.
En su opinión, la clave está en la rentabilidad y en el necesario equilibrio entre lo que cobran los ganaderos y lo que luego se reparten la industria y la distribución. «Al ser la leche un producto perecedero, no tienes opción. O aceptas el precio que te dan o lo tiras, y si lo tiras, te penaliza Medio Ambiente», subraya.
Los precios actuales no cubren los costes. «Tanto el agricultor como nosotros estamos en la misma situación. A ellos les han subido 5 euros el precio de la tonelada de cereal, pero siguen sin cubrir gastos. Mientras tanto, las fábricas de piensos, que se encargan de la transformación, nos cobran a los ganaderos entre 30 y 40 euros más por tonelada cada mes», rechaza con la mirada puesta también en los precios de venta de una leche que le cuesta producir entre 90 céntimos y 1 euro por litro, frente a los 12 o 14 euros que paga el consumidor por un kilo de queso puesto en el lineal e un supermercado. «Si buscamos un equilibrio, hay margen para todos», insiste.
"Si ellas comen, yo como"
El panorama obliga a medir cada compra. «Intento ahorrar en todo lo que puedo, menos en la comida de las ovejas. Ellas son lo primero porque, además, si recortas en calidad en la alimentación, enseguida se resiente la producción». Y lo defiende con un lema porque «si ellas comen, yo como».
En su granja, las ovejas son de raza Assaf y las ha ido mejorando genéticamente. El momento más delicado llega con los partos. «Hay que estar pendiente por si se complica alguno y saber ayudar, por ejemplo, cuando hay que dar la vuelta al lechazo para no dañar por dentro a la oveja», señala.
José Luis no tiene hijos, pero sabe que, aunque los tuviera, sería difícil que siguieran con la explotación, porque «en este sector no hay relevo generacional». «Los políticos se llenan la boca con la España Vaciada y el medio rural, pero luego no defienden los pueblos y actividades como la ganadería, que es la que 100% fija población porque tienes que estar aquí todos los días», subraya.
La tendencia es preocupante. «En esta zona, de los cuatro ganaderos de ovino de leche que quedamos, yo soy el más joven», advierte con tristeza, porque «de las 50.000 ovejas para lechazo que había en la zona no quedan más de 15.000». «Trabajamos de sol a sol y nos fríen a impuestos y todo son papeles. Hay que tener una carrera universitaria para afrontar toda la burocracia que nos exigen cada día», rechaza.
Sector clave contra incendios
A mayores, José Luis recuerda el importante papel que juegan las ovejas en la protección de los montes contra los incendios. «Antes había 6.000 ovejas de varios pueblos y ahora quedan 100. Con eso no limpias un monte. Además, antes también se recogía la resina, por lo que los montes estaban muchísimo más limpios. No tiene nada que ver con la situación actual. Ahora, como la oveja se separe tres metros, dejas de verla porque está todo lleno de maleza», termina.