OLEAGINOSAS
Castilla y León apuesta por el girasol ante la pérdida de rentabilidad del cereal
El cultivo recupera protagonismo gracias a los escasos costes de producción y a la rentabilidad frente al cereal, pero la campaña dependerá de la meteorología y del mercado

Una cabeza de un girasol en fase de nascencia, antes de sacar la pipa
El girasol ha vuelto a ganar protagonismo en los secanos de Castilla y León. Después de varias campañas marcadas por la incertidumbre en los mercados de cereal y por el incremento continuado de los costes de producción, miles de agricultores han optado por reforzar la presencia de una oleaginosa que siempre ha formado parte de las rotaciones, pero que este año adquiere una dimensión distinta. El incremento de superficie confirma que el cultivo ha dejado de ocupar un papel secundario en muchas explotaciones cerealistas, aunque el sector insiste en que todavía es demasiado pronto para transformar ese crecimiento en optimismo. La campaña continúa abierta y será el comportamiento del cultivo durante las próximas semanas el que determine si la apuesta realizada en primavera acaba traduciéndose en una cosecha rentable para la campaña actual.
La evolución del girasol presenta una enorme diversidad según las zonas productoras de la Comunidad. Las diferencias de suelo, las fechas de siembra y la disponibilidad de humedad durante la nascencia han provocado que el cultivo ofrezca imágenes muy distintas entre unas comarcas y otras. Mientras algunas parcelas afrontan el verano con un desarrollo uniforme y un buen potencial productivo, otras apenas han conseguido consolidar la implantación de la planta. Esa disparidad impide hablar de una campaña homogénea y obliga a analizar el cultivo desde la realidad de cada territorio.
Esa es precisamente la visión que traslada Aurelio González en Castilla y León. El responsable de UPA reconoce que las expectativas iniciales se han ido enfriando a medida que avanzaba el verano y observa una Comunidad dividida entre zonas con un comportamiento favorable y otras donde la nascencia condicionó el cultivo desde el primer momento. «Esta campaña no parece que vaya a ser muy buena en Castilla y León», afirma. Uno de los principales problemas se localiza «en la zona norte, de Valladolid para arriba, Palencia, Soria y Burgos», donde «ha habido una mala nascencia» porque «cuando se sembró, el terreno se secó por arriba y el girasol no nació bien».
Frente a esa situación, las provincias del sur presentan una realidad diferente. Aurelio González explica que «en la zona sur de Zamora, Salamanca y Valladolid el cultivo ha nacido mejor» y recuerda que esas parcelas pudieron sembrarse antes, aprovechando mejores condiciones de humedad. Esa ventaja inicial explica que hoy el estado fenológico sea muy distinto entre unas explotaciones y otras. «En esas zonas el girasol está más desarrollado porque se sembró antes», señala, mientras que en buena parte del norte «hay parcelas en las que apenas han nacido cuatro plantas» y otras donde «el girasol está poco más que naciendo y todavía muy pequeño».
Jesús Manuel González Palacín coincide en que el estado general del cultivo continúa siendo aceptable, aunque matiza que las diferencias entre parcelas no dependen únicamente de la climatología. «El cultivo, en esta campaña, está bastante bien. Lo peor está en las tierras malas», resume el coordinador de UCCL. El comportamiento del girasol vuelve a demostrar hasta qué punto la calidad del suelo condiciona el potencial de una explotación. «Las diferencias entre unas zonas y otras las marca, sobre todo, la calidad de la tierra», sostiene. «Las tierras buenas tienen girasoles extraordinarios», mientras que «las tierras más ligeras y arenosas son las que más sufren».
Para Palacín, el girasol actúa casi como un indicador natural de la capacidad productiva de una finca. «El girasol es uno de los cultivos que más marca la calidad de la tierra. Si vas a comprar una finca, por el girasol sabes enseguida si la tierra es buena o mala», afirma. Esa afirmación cobra especial sentido en una campaña en la que el comportamiento del cultivo cambia radicalmente en apenas unos kilómetros. Mientras las tierras arcillosas situadas al norte del Duero conservan mejor la humedad, «del Duero para abajo suelen ser tierras más ligeras», donde el estrés hídrico aparece con mayor rapidez y limita la evolución de las plantas.
Con independencia de la zona en la que se encuentre el cultivo, todas las organizaciones agrarias coinciden en señalar un mismo factor de riesgo: el calor. Las altas temperaturas han llegado cuando buena parte de las parcelas entraban en una de las fases más sensibles del ciclo vegetativo y el temor es que ese estrés térmico termine reduciendo el tamaño de las cabezas y, con ello, el número y el peso de las pipas. El aspecto visual del girasol sigue siendo razonablemente bueno en muchas explotaciones, pero el verdadero impacto del verano no podrá medirse hasta que la planta complete su desarrollo.

Campos de girasol en la zona del Campo Charro en la provincia de Salamanca
RIESGOS
Lorenzo Rivera sitúa precisamente ahí una de las mayores preocupaciones de la campaña. El coordinador regional de COAG recuerda que las lluvias de mayo habían generado un escenario muy favorable para el cultivo y que las expectativas eran elevadas antes de la llegada del calor. «Las expectativas eran muy buenas después de las lluvias de mayo y de las buenas nascencias que hubo en muchas parcelas», explica. Sin embargo, ese escenario cambió rápidamente. «El problema es que el calor ha llegado justo cuando el cultivo estaba en el momento más delicado y eso puede llevarse media cosecha», advierte.
Ese diagnóstico encuentra respaldo también en UPA. Aurelio González reconoce que el sector sigue con inquietud la evolución meteorológica porque el cultivo atraviesa un momento decisivo. «Tenemos miedo de estos calores», admite. El responsable agrario explica que «a los girasoles tempranos les afectó la anterior ola de calor» y que «a los tardíos les va a afectar esta nueva ola de calor». El riesgo, añade, aparece cuando «el calor coincide con la floración», ya que «nos tememos que las cabezas no se desarrollen bien y se queden pequeñas». Esa posibilidad es la que mantiene al sector pendiente de la evolución del tiempo durante las próximas semanas.
Aunque la preocupación es evidente, ninguna organización agraria quiere dar por perdida la campaña. El cultivo continúa evolucionando y todavía dispone de margen para completar buena parte de su potencial si las condiciones meteorológicas acompañan durante el resto del verano. El girasol ha recuperado superficie y vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro de las explotaciones de Castilla y León, pero agricultores y organizaciones coinciden en un mensaje de prudencia: el verdadero balance no comenzará a escribirse hasta que las cosechadoras entren en las parcelas y permitan comprobar si las expectativas de la primavera han logrado resistir al calor del verano.
La expansión del girasol no responde únicamente a una decisión agronómica, sino también a una necesidad económica. La pérdida de competitividad del cereal ha obligado a muchos agricultores a replantear la planificación de sus explotaciones y a buscar cultivos capaces de ofrecer una mayor estabilidad. En ese contexto, la oleaginosa ha recuperado protagonismo porque combina unos costes de implantación más contenidos con unas cotizaciones que, durante las dos últimas campañas, han permitido mantener márgenes positivos.
SUPERFICIE
No se trata de un cultivo que garantice grandes beneficios, pero sí de una alternativa que, en opinión de las organizaciones agrarias, ofrece más posibilidades que continuar apostando exclusivamente por cereales cuya rentabilidad se ha deteriorado de forma notable. Ese cambio de estrategia queda reflejado en la evolución de la superficie sembrada. Donaciano Dujo recuerda que el incremento registrado este año no es casual, sino la consecuencia directa de la situación que atraviesa el cereal en Castilla y León. «Sí que se ha notado un incremento muy importante de la superficie respecto a campañas pasadas. Hemos pasado de 297.000 hectáreas a 424.000 hectáreas», explica el presidente de Asaja. A su juicio, «el incremento del girasol es consecuencia directa de las pérdidas que tenemos en los cereales», una realidad que está obligando a muchos agricultores a replantear sus decisiones de siembra.
Lorenzo Rivera comparte ese diagnóstico y considera que el fenómeno se ha extendido prácticamente por toda la Comunidad. «El aumento de superficie se ha producido prácticamente en todas partes», afirma el coordinador regional de COAG. La explicación, añade, resulta sencilla: «Muchos agricultores han apostado por el girasol porque el cereal estaba dando pérdidas». Para Rivera, el cambio debe interpretarse como la respuesta de unas explotaciones que necesitan recuperar rentabilidad en un contexto de costes elevados y precios insuficientes.
Los números explican buena parte de esa transformación. Donaciano Dujo recuerda que «no se puede sembrar cereal con unos costes de producción de 800 euros por hectárea» y que, con los precios actuales, «con una producción media de entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea se pierden entre 100 y 200 euros por hectárea». Ante esa situación, reconoce que muchos agricultores han optado por cambiar de cultivo o incluso por reducir las siembras. «Por eso cambiamos a otros cultivos o, directamente, dejamos la tierra en barbecho», señala.
La principal ventaja del girasol reside precisamente en esa reducción de costes. «Lo primero que vemos en el girasol es que prácticamente no tiene gastos. No necesita fertilizantes. Prácticamente no requiere tratamientos herbicidas», explica Dujo. Esa diferencia hace que, aun con producciones más modestas, el cultivo pueda mantener una rentabilidad razonable si el mercado acompaña. «Si se mantiene un precio como el del año pasado, de más de 500 euros y cerca de 600 euros por tonelada, habrá una rentabilidad razonable. No se ganan grandes cantidades de dinero, pero sí se consigue una rentabilidad justa. Lo importante es que, al menos, con el girasol no se pierde dinero; con el cereal sí».
Desde UCCL, Jesús Manuel González Palacín coincide en que la reducción de costes constituye uno de los principales atractivos del cultivo. «El girasol reduce mucho los costes de producción», explica. Aunque reconoce que «es un cultivo que tiene poca rentabilidad, pero por lo menos deja algo», considera que esa circunstancia marca la diferencia frente a otras alternativas. «Con otros cultivos muchas explotaciones han entrado en pérdidas totales o generalizadas» y, por ello, «aunque los rendimientos no sean muy altos, si el precio acompaña al menos se obtiene algo de beneficio. Eso es positivo para los agricultores».
UPA también sitúa el ahorro de costes entre las razones que explican el crecimiento de la oleaginosa. Aurelio González recuerda que «el girasol siempre ha sido una alternativa de cultivo» y que «es un cultivo fundamental dentro de la rotación». Sin embargo, entiende que este año ha adquirido un papel todavía más relevante porque «ahora es una alternativa todavía más interesante porque reduce costes frente al cereal». De hecho, asegura que «este año se han dejado muchas tierras sin sembrar de cereal para pasarlas a girasol por los menores costes de producción».
MERCADO
Pese a ese renovado interés, las organizaciones agrarias coinciden en que el cultivo continúa dependiendo de dos factores sobre los que el agricultor apenas tiene capacidad de decisión: el comportamiento del tiempo y la evolución de los precios. Palacín recuerda que «todavía es muy pronto para hacer previsiones de producción y rendimientos» y que «también es demasiado pronto para hablar del precio de la próxima campaña». «El principal reto del cultivo es el precio» porque «es muy difícil producir sin conocer el precio al que se va a vender». Esa incertidumbre condiciona la planificación de las explotaciones año tras año.
Aurelio González añade que el mercado tiene sus propias particularidades. «El precio va a depender mucho de la cosecha de Andalucía, que es más temprana y suele marcar los precios de salida», explica. Si la producción andaluza resulta insuficiente, añade, «las casas de semillas tendrán que comprar pipa en Castilla y León» y «a lo mejor tienen que subir los precios». Hasta entonces, insiste, «todavía no tenemos una referencia clara de precios».
Más allá de la campaña actual, Lorenzo Rivera cree que el girasol ha dejado de ser una opción secundaria dentro de las explotaciones cerealistas. «Siempre ha sido una alternativa, pero ahora se ha convertido en una de las principales salidas a la crisis de los cereales, junto con la colza», afirma. No obstante, advierte de que la solución pasa por diversificar y no por sustituir completamente unos cultivos por otros. «El girasol por sí solo no es la solución» y «la clave está en combinar distintos cultivos para reducir riesgos y mejorar la rentabilidad de las explotaciones». Ese equilibrio, unido a una mejor planificación de las siembras y a la adaptación al cambio climático, marcará el futuro inmediato de muchas explotaciones de secano.
Con la cosecha todavía en el horizonte, el campo castellanoleonés mantiene la prudencia como principal mensaje. El girasol ha recuperado superficie, ha reforzado su papel dentro de las rotaciones y se ha convertido en una alternativa real frente a la pérdida de rentabilidad del cereal. Sin embargo, el desenlace de la campaña sigue dependiendo del comportamiento del tiempo durante las próximas semanas. Solo cuando las cosechadoras entren en las parcelas podrá comprobarse si el cultivo confirma las expectativas generadas en primavera o si el calor termina reduciendo el potencial de una campaña que, por el momento, continúa escribiéndose sobre el terreno.