CEREAL
Castilla y León anticipa el corte del cereal
El calor extremo acelera la maduración del cereal durante la fase crítica de desarrollo y provoca pérdidas generalizadas en una campaña que constata una fuerte caída productiva

Siega de cereal, al estilo tradicional, en el Parque de las Tierras Leonesas.
La campaña de cereal en Castilla y León ha comenzado este año con un adelanto evidente respecto al calendario habitual, especialmente en las zonas del sur de la Comunidad, donde las altas temperaturas registradas en las últimas semanas han acelerado de forma brusca la maduración del cultivo.
Este comportamiento anticipado de la cosecha ha obligado a numerosas explotaciones a entrar con la maquinaria antes de lo previsto, en un escenario en el que el grano ha completado su ciclo de forma irregular y con pérdidas ya consolidadas en el campo antes incluso de la recolección. Las organizaciones agrarias coinciden en que no se trata de una campaña normal, sino de un ejercicio condicionado por un estrés térmico extremo en la fase final.
Desde COAG Castilla y León, el coordinador regional Lorenzo Rivera describe la situación climática como determinante en el resultado de la campaña, subrayando la intensidad del episodio de calor que ha afectado al cereal en su fase final. Afirma que «con estas temperaturas de por encima de 30 grados y hasta casi 40 esto es terrible», lo que refleja el impacto directo del calor sobre la fisiología del cultivo. Según explica, estas condiciones han acelerado el secado del cereal y han impedido un desarrollo normal del grano en el momento clave de su formación.
El impacto de estas temperaturas no ha sido progresivo, sino concentrado en un periodo muy corto que ha resultado decisivo para la pérdida de rendimiento en muchas explotaciones. Rivera detalla que «en esos 15 días prácticamente hemos perdido un 40%», lo que evidencia la rapidez con la que se ha deteriorado el potencial productivo del cultivo. Este desplome en tan breve espacio de tiempo ha dejado sin capacidad de reacción a buena parte del sector, que ya daba por hecha una campaña ajustada pero no tan negativa.
En el análisis de Asaja Castilla y León, la campaña también se sitúa por debajo de las expectativas iniciales, tanto en producción como en superficie cultivada. Su presidente, Donaciano Dujo, señala que «la producción no es la que esperábamos y va a ser una cosecha por debajo de la media de los últimos cinco o diez años», lo que confirma una tendencia descendente sostenida en el tiempo.
Esta situación no se explica únicamente por el clima, sino también por factores estructurales que afectan a la rentabilidad del cultivo.
Uno de esos factores estructurales es la reducción de superficie sembrada, que ha condicionado desde el inicio el volumen potencial de producción en Castilla y León. Asaja detalla que «este año nos hemos quedado por debajo del 1.650.000 hectáreas», lo que supone una caída significativa respecto a campañas anteriores.
Esta reducción responde principalmente a decisiones de los agricultores ante la falta de rentabilidad del cereal, que cada vez compite peor con otros cultivos más estables económicamente. El componente económico aparece como una constante en todas las organizaciones agrarias, que coinciden en que el cereal atraviesa un problema de rentabilidad estructural. Donaciano Dujo advierte que «los costes son muy altos, más de ochocientos euros por hectárea de cereal», lo que obliga a obtener rendimientos elevados para no entrar en pérdidas.
Sin embargo, este año los rendimientos medios previstos se sitúan muy por debajo de ese umbral de equilibrio. Desde UCCL, el diagnóstico se centra en la acumulación de factores adversos que han actuado simultáneamente sobre el cultivo durante todo su ciclo. El coordinador regional Jesús Manuel González Palacín define la campaña como «la tormenta perfecta», en referencia a la combinación de bajos precios, altos costes y una caída generalizada de rendimientos. Este escenario ha provocado un deterioro del equilibrio económico de muchas explotaciones cerealistas en la Comunidad.
El impacto productivo estimado por UCCL refleja la magnitud de las pérdidas acumuladas durante la campaña, que afectan tanto a las previsiones iniciales como a la media histórica de la región. Palacín señala que «entre el 40% y el 50% de la expectativa de cosecha que teníamos» se ha perdido, lo que indica una reducción sustancial del potencial productivo del cereal en Castilla y León. Este descenso se distribuye de forma bastante homogénea en la mayor parte del territorio.
Rendimiento
En términos de rendimiento medio, las estimaciones apuntan a una campaña claramente por debajo de los niveles habituales en la Comunidad, con muchas zonas que no alcanzan los 3.000 kilos por hectárea. UCCL advierte que «la media de Castilla y León no creo que llegue a los 3.000 kilos», lo que supone un descenso significativo respecto a campañas anteriores. Este dato se interpreta como un indicador claro del impacto del estrés climático en el desarrollo del cultivo.
Desde UPA Castilla y León, el secretario general Aurelio González insiste en que la campaña arrastra problemas desde su inicio, debido a una sementera complicada y a un desarrollo irregular del cultivo en sus primeras fases. En su valoración, «esta campaña no nació bien», una afirmación que resume el carácter acumulativo de las dificultades que han afectado al cereal. El resultado final es una campaña condicionada desde el origen hasta la cosecha.
El impacto económico de la campaña se traduce de forma directa en pérdidas por hectárea en numerosas explotaciones de Castilla y León, lo que agrava una situación ya delicada para el sector cerealista. UPA estima que «vamos a perder 200 euros por hectárea», una cifra que refleja con claridad el desequilibrio entre costes de producción y valor final del grano. Este desfase sitúa a buena parte de los agricultores en un escenario de rentabilidad negativa incluso en aquellas explotaciones con rendimientos relativamente aceptables, lo que incrementa la preocupación sobre la viabilidad futura del cultivo.
El calendario de cosecha confirma el adelanto generalizado de la recolección en toda la Comunidad, con una entrada temprana de las cosechadoras en las zonas del sur y una rápida expansión hacia el centro en apenas unos días. COAG prevé que «de lleno la próxima semana la cosecha estará prácticamente al 100%», lo que muestra la velocidad con la que se está desarrollando la campaña. Este ritmo acelerado responde directamente al efecto del calor, que ha comprimido el ciclo del cultivo y reducido los tiempos habituales de maduración.
El avance de la cosecha no presenta grandes diferencias entre provincias, salvo en zonas concretas de mayor altitud o climatología más fresca, donde el ciclo del cereal se prolonga ligeramente. Sin embargo, las organizaciones agrarias coinciden en que el comportamiento del cultivo ha sido bastante homogéneo este año debido a la extensión del episodio de calor. Esta uniformidad en el impacto ha contribuido a una campaña generalizada de bajos rendimientos en prácticamente toda la Comunidad.
El norte de Castilla y León, especialmente provincias como Burgos o Palencia, podría registrar resultados algo más positivos en términos relativos, aunque sin compensar las pérdidas globales del conjunto regional. Estas zonas, tradicionalmente más productivas, mantienen cierto margen de rendimiento superior debido a su climatología más favorable, pero incluso allí el impacto del calor ha reducido notablemente las expectativas iniciales de cosecha.
Calendario
El cierre de la campaña se prevé rápido y concentrado en el tiempo, con la mayor parte de las explotaciones finalizando la recolección antes de finales de julio y un pequeño porcentaje extendiéndose hasta principios de agosto. Este adelanto generalizado refleja la maduración forzada del cereal, que ha completado su ciclo de forma prematura. El resultado es una campaña comprimida en el calendario y con escasa capacidad de prolongación en el tiempo.
El comportamiento del trigo y la cebada ha sido desigual, aunque ambos cultivos han sufrido de forma significativa el impacto de las altas temperaturas en su fase final. Desde UCCL se apunta que «el trigo está más castigado que las cebadas», debido a su mayor sensibilidad al calor en etapas más tardías del ciclo. Esta diferencia, sin embargo, no altera de forma sustancial el balance global de la campaña.
La cebada, más temprana en su maduración, ha resistido ligeramente mejor el episodio de calor extremo, aunque también presenta reducciones importantes de rendimiento respecto a campañas normales. En muchas explotaciones, las diferencias entre ambos cultivos son mínimas en términos de producción final, lo que confirma la magnitud del impacto climático sobre el conjunto del cereal.
La calidad del grano se verá afectada en numerosas zonas debido al secado prematuro del cultivo y a la falta de un llenado completo del grano en su fase final. UPA advierte que la calidad «posiblemente sea baja este año», especialmente en aquellas parcelas donde el estrés térmico ha sido más intenso. Este factor puede tener repercusiones adicionales en el precio final percibido por los agricultores.
El incremento de los costes de producción continúa siendo uno de los principales problemas estructurales del sector cerealista en Castilla y León, con especial incidencia en fertilizantes, energía y productos fitosanitarios. Esta tendencia ha condicionado las decisiones de inversión de muchos agricultores, que han reducido insumos en la presente campaña ante la incertidumbre económica.
Asaja insiste en que el precio actual del cereal en el mercado no compensa los costes de producción, situando al sector en una posición de debilidad estructural.
Donaciano Dujo resume esta situación señalando que «estamos sobre 200 euros o menos», lo que impide cubrir los costes medios en la mayoría de las explotaciones. Este desfase entre costes y precios se mantiene como uno de los principales factores de preocupación para el sector. El comportamiento del mercado internacional del cereal vuelve a situarse en el centro del análisis de las organizaciones agrarias, que consideran que los precios en origen están completamente condicionados por factores externos a Castilla y León.
Este contexto limita la capacidad de reacción del sector productor, que se encuentra encajado entre unos costes elevados y unos precios de venta que no responden a la realidad de las explotaciones. La sensación generalizada es que el mercado no está compensando el esfuerzo productivo en un año especialmente complicado.
Desde COAG se insiste en que la situación del cereal en la Comunidad no puede entenderse sin el impacto de las importaciones procedentes de terceros países, que influyen directamente en la formación de precios. Lorenzo Rivera lo resume con claridad al señalar que «los precios nos los ponen todo lo que viene de fuera, del otro lado del Atlántico o de Ucrania».
Esta dependencia del mercado exterior condiciona la rentabilidad de las explotaciones locales, que compiten en desigualdad de condiciones. La referencia a Ucrania aparece de forma recurrente en el análisis del sector, al tratarse de uno de los grandes exportadores mundiales de cereal y un actor clave en la volatilidad del mercado europeo.
Las organizaciones agrarias advierten de que la situación geopolítica y comercial del país tiene un efecto directo sobre los precios internos en España. Esta dinámica añade incertidumbre a un sector ya presionado por la caída de rendimientos y el aumento de costes.