LÚPULO
Una investigación para cuidar el ‘oro verde’ de Castilla y León
La Ribera del Órbigo en León tira del 91% de la superficie española de lúpulo concentrada en la Comunidad
El ITACyL participa en Lignicoat para extraer biomoléculas de la planta y elevar el contenido biobasado de recubrimientos hasta el 60-90%

Proyecto Lignicoat, una investigación de la Junta que desvela las propiedades del lúpulo para obtener resinas sostenibles de aplicación en recubrimientos de maderas y metales
Castilla y León no solo cultiva el lúpulo, también lo convierte en estrategia de territorio. Nueve de cada diez kilos que salen de los emparrados tienen sello castellano y leonés, con el epicentro en la Ribera del Órbigo, en León. Ello le confiere al campo de la Comunidad un papel fundamental en la cadena cervecera nacional. Según el informe socio económico del sector de la cerveza en España, en el año 2024 el país rondó las 580 hectáreas y cosechó en torno a 980.000 kilos de flor. No fue un año plácido: hubo meteorología caprichosa y la presión del mildiu estaba al acecho entre los meses de mayo y junio, pero el control fitosanitario a tiempo dejó una campaña correcta en la mayoría de variedades.
Y es que el calendario agronómico del lúpulo exige precisión. La poda y el guiado definen el arranque de la campaña; el entutorado y el desrame ordenan el vigor y el control sanitario fino se juega cuando los hongos encuentran una ventana de acceso. En 2024, las oscilaciones térmicas y las lluvias intermitentes complicaron el manejo; el mildiu apareció pero se contuvo sin comprometer el resultado final.
El territorio ha sumado, además, un vector de innovación que ya no es promesa, sino oferta tecnológica: el ITACyL ha desarrollado, en colaboración con el programa europeo Lignicoat, un proceso de extracción que separa los compuestos de alto valor del lúpulo en corrientes de resinas blandas, resinas duras y sólido agotado, trabajando sobre seis variedades cultivadas en la Ribera del Órbigo: Nugget, Cascade, Columbus, Fugget, Magnum y Chinook. La investigación no se quedó en la ingeniaría del proceso, sino que se han estudiado propiedades antimicrobianas con mayor eficacia de las resinas blandas frente a bacterias testadas, abriendo la puerta a aplicaciones industriales más allá de la cerveza.
¿Por qué importa esto al agricultor? Porque el lúpulo deja de ser un monocultivo. La valorización de extractos, aceites y fracciones ligínicas crea segundas y terceras vidas al producto, amortigua las oscilaciones de precio y multiplica candidatos a comprador. Lignicoat, financiado por el Consorcio Bio-Based Industries (BBI) en el marco del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea, ha demostrado recubrimientos con entre el 60% y el 90% de contenido biobasado, reemplazando resinas fósiles, e integrando aditivos como quitosano o enzimas para aportar propiedades anticorrosivas y antimicrobianas. La economía circular toma un papel fundamental que nace, en este caso, de los emparrados leoneses.
En la parcela de cultivo, la profesionalización ya no es opcional: riego medido, unos sistemas de mediciones asequibles, unas decisiones de poda y entutorado guiadas por los datos y secaderos eficientes que respeten la humedad objetivo sin penalizar alfa-ácidos. El lúpulo es un cultivo intensivo en mano de obra y conocimiento, y su rentabilidad hoy se explica tanto por el manejo fino como por la capacidad de vender calidad con contrato. La ventaja comparativa de León está en su densidad de conocimiento (mediante la cooperación entre fincas, industria e I+D) y en una red que alinea demanda, ensayo de las variedades y transferencia tecnológica. La Red de Ensayos coordinada por la Comisión Mixta de Cerveceros y Malteros, junto con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y centros públicos de I+D, lleva más de dos décadas ajustando genética y manejo para que el campo plante lo que se va a demandar.
CARRIZO DE LA RIBERA
La campaña de cosecha del lúpulo en la Ribera del Órbigo abarca desde los grandes agricultores de SAT Lúpulos de León hasta los pequeños autónomos que deciden embarcarse en la aventura de emprender en el negocio del oro verde. Es el caso de José Luis Fernández Álvarez, propietario de la tienda online vendolupulo.es desde hace diez años.
En sus palabras, la cosecha de este año ha transcurrido «en la horquilla de la normalidad», con un plus que en el campo se valora, nunca mejor dicho, como oro: sanidad vegetal. «La cosecha ha sido un año normal, en calidad parece que bastante buena, sobre todo porque no ha habido hongos ni enfermedades durante el verano», resume el agricultor. «Yo no tengo una visión general de los agricultores, pero para mí ha sido normal», añade desde la prudencia.
No rehúye, aún así, en poner números sobre la mesa: «La cosecha este año nos ha dado más o menos un kilo por planta, que viene a ser en total entre 2.200 y 2.400 por hectárea», precisa, antes de subrayar que la fotografía completa la maneja Lúpulos de Leon.
El pulso de su explotación late en un circuito corto pensado para el aficionado: «Estoy especializado en cerveceros caseros, ‘homebrewers’, vendo pequeñas cantidades a quienes quieren hacer cerveza en casa y también plantas para que las puedan poner en sus huertos», explica. Este modelo lo importó de fuera: «Cogí la idea de algunas granjas de Estados Unidos que venden online a cerveceros caseros. El proceso lo describe paso a paso: «Separamos la flor, la deshidratamos a un 8% de humedad y luego la peletizamos y la envasamos en una atmósfera modificada; la conservamos en una cámara frigorífica a 5 grados todo el proceso y luego en la página web compran pequeñas cantidades».
Este canal convive con la venta mayorista. «Para vivir del lúpulo tendríamos que vivir de Hopsteiner, que nos compra el 90% de la producción», aclara, además de colaboraciones con asociación Ánimo de Lúpulo para abastecer a microcerveceras «que están creciendo». «Yo estoy especializado en cerveceros casero, Hopsteiner lo está en cervecerías grandes y venta internacional», resume.
Lo complicado, advierte, no está en la idea, sino en el hierro. «Lo más difícil son las inversiones y conseguir maquinaria», admite. «Ahora toda esta maquinaria la estamos trayendo de Alemania y es costoso. Sólo los transportes cuestan tanto como alguna maquinaria», lamenta. No obstante, la mecanización ha sido un salto de productividad tangible: «Poder comprar un cortador que te lo corta automáticamente es una ventaja, porque antes se necesitaban cinco personas para cortar, ahora solo con una ya vale».
A la pregunta de si es rentable dedicarse al cultivo y a la venta del lúpulo, Fernández matiza: «Lo es si consigues hacer una inversión, conseguir una cantidad de hectáreas adecuada. Yo creo que es el cultivo más rentable que hay, pero eso sí, necesitas de inversión», señala, antes de hacer hincapié en el apoyo de sus compañeros: «Para poder cultivarlo aquí con las energías que se forman entre todos los que nos dedicamos a esto».
Ese «aquí» no es un adverbio cualquiera. «En León tenemos más de 90% del cultivo a toda España gracias al grupo que hemos formado, que venimos ya de segunda o tercera generación la mayoría», reivindica. Ese músculo colectivo facilita también el relevo: «Si hay alguien nuevo que se incorpora, entre todos le ayudamos. Con ayuda y montándolo aquí -alquilando maquinaria y naves de quien se ha jubilado- sí que hay relevo». Pide, eso sí, que las administraciones «lo fomenten y lo anuncien, porque mucha gente no lo sabe».
Su mensaje a las instituciones tiene dos frentes. Primero, el financiero: «Yo personalmente ayudas no necesito, porque mi negocio es muy específico, quienes sí lo necesitan son los agricultores jóvenes especialmente, porque hace falta una inversión bastante alta para empezar y por lo menos un aayuda o un crédito para adquirir cortadoras, peladoras, remolques o secaderos, pues les vendría muy bien». Segundo, la regulación: «No podemos tener ningún resto de fitosanitarios porque nos multan y ya no nos recogen el lúpulo. Necesitamos que las autoridades trabajen para autorizarnos a usar los mismos fitosanitarios y trabajar en las mismas condiciones que, por ejemplo, en Alemania». «En la UE han dividido zonas y a Italia o a España nos han tocado restricciones muy altas», lamenta. Su petición es clara: poder utilizar los fitosanitarios como los de Alemania, compatibles y no dañinos para el consumo humano.
En cuanto al emprendimiento juvenil en este sector, el agricultor leonés tiene un mensaje claro: «Si esto le gusta, es una planta bastante rentable con salidas interesantes -cerveza o cosmética-, así que que se anime a venir a León a cultivarlo». Asimismo, reivindica otra variable a destacar: el tiempo. «Trabajamos muy intensamente entre marzo y septiembre y luego durante el invierno estamos más relajados. Como autónomo no estás tan atados a unos horarios». La cara B, admite, es un mercado cíclico: «Hay exceso de lúpulo en el mundo, pero esto va por ciclos».
En sus palabras, también hay orgullo de oficio y de comarca. A su tienda online le ha sumado un museo de variedades y visitas guiadas durante la cosecha para que los visitantes puedan «oler y tocar» el lúpulo. Vende plantas, herramientas y utensilios para cultivar en el huerto además del pellet listo para la olla cervecera casera. El olfato manda. «A los aficionados les gustan los distintos olores que tiene cada variedad, los aromas...». Es, en el fondo, una pedagogía aplicada que acerca el emparrado al vaso y que diversifica los ingresos de una explotación familiar.
En el plano colectivo, pide apoyo y visibilidad a la asociación de cultivadores de lúpulo y que las administraciones la respalden para «que no desaparezca» y «nos anime a asociarnos» en la doble dirección de facilitar ayudas a los jóvenes y abordar «el problema de los fitosanitarios». Porque, advierte, «ir de uno en uno a la guerra es más difícil para ganarla; es mejor ir todos a una en una asociación», concluye destacanco la importancia de la unión.
CADENA CERVECERA
El lúpulo no viaja solo: su socio es la cebada maltera, columna vertebral de la cerveza. España dedicó en 2024 unos 2,3 millones de hectáreas a este cereal, produjo alrededor de 514.000 toneladas de malta y consumió 532.000 constatando una industria integrada que compra mayoritariamente cereal nacional.
La estructura industrial importa a quien negocia el kilo de flor. España cerró 2024 con 432 industrias cerveceras registradas, entre las cuales 35 centros se encuentran en Castilla y León, lo que implica un mercado cercano para lotes diferenciados.
El mercado exterior añade otra capa de estabilidad: las exportaciones españolas de cerveza alcanzaron 3,37 millones de hectolitros en 2024, con Cuba como primer destino y Reino Unido como segundo, y, si se suma la producción en mercados implantados por cerveceras nacionales, el volumen internacional total se aproxima a 8 millones de hectolitros. Y es que exportar cerveza significa exportar campo: cada botella arrastra alfa-ácidos de León y malta de la Meseta.
Además, cabe mencionar que más del 90% de los cereales que usan las cerveceras es de origen nacional, fijando riqueza en los pueblos y dando estabilidad. Para León, ese anclaje campo-fábrica explica por qué el lúpulo sostiene empleo y tejido industrial /talleres, logística, energía, mantenimiento), y por qué cada campaña ordenada tiene un impacto en toda una comarca.
HORIZONTE
De cara al futuro a corto plazo, lo que viene no es solo clima, es gestión integral del riesgos. La campaña de 2024 dejó claro que la ventana de mildiu se puede cerrar con técnica y oportunidad, pero las fincas resilientes son las que combinan manejo, inversión y datos. A corto plazo, urgen sistemas de sensorización básicos (que midan la humedad del suelo y de la hoja), cuadernos de campo digitalizados y protocolos de secado que preserven alfa-ácidos sin disparar la factura eléctrica. A medio plazo, energía renovable en secaderos y certificaciones que permitan primas por sostenibilidad.
La biotecnología aplicada al lúpulo abre un nuevo negocio: resinas y biorrecubrimientos de alto valor para madera y metal, con propiedades antibacterianas/antifúngicas validadas y contenidos biobasados del 60-90%. El papel del Centro I+D+i en Biocombustibles y Bioproductos (CBB) de Villarejo de Órbigo en este punto demuestra que la innovación puede nacer junto a los emparrados y continuar progresando.
La política sectorial tiene deberes trazados: mejora vegetal, certificación de semillas y ensayos coordinados para variedades más productivas y tolerantes a enfermedades. La Comisión Mixta y la Red de Ensayos son el carril más rápido para que las mejoras que demandan los agricultores lleguen a las parcelas con garantías. En la práctica, esto implica decisiones a pie de campo: qué variedad en qué terreno, con qué marco y qué plan de riego y poda es el óptimo para llegar a la fecha de cosecha con el alfa-ácido que paga la fábrica.
El mercado, por su parte, seguirá bifurcado: una industria grande con volumen y consistencia y el sector craft. España es el segundo productor de cerveza de la UE y el octavo en el mundo. Pero el crecimiento cualitativo vendrá de nichos aromáticos, lotes locales con trazabilidad y experiencias en fábrica que el mapa CRAFT ya cataliza. Para el agricultor, el mejor plan es dual: base productiva segura a contrato y un 10.20% de superficie orientada a aromáticas de alto valor con clientes identificados.
En resumen, Castilla y León tiene la hegemonía productiva, la industria cervecera cercana, la ciencia en casa y un horizonte de mercado que valora sostenibilidad y diferenciación. Si el sector acierta en cuatro claves (eficiencia hídrica y energética en poscosecha, manejo sanitario con datos, diversificación de clientes y captura de valor en bioeconomía), el lúpulo seguirá siendo oro verde con recorrido. El lúpulo ya no es sólo una materia prima, es una cadena integrada y cada vez más sostenible que enlaza agronomía, contratos, industria e I+D y que aterriza en explotaciones como la de José Luis Fernández en Carrizo, donde una campaña «normal y de buena calidad» se logra con un calendario milimétrico y una poscosecha precisa. Un testimonio micro que confrima el diagnóstico macro y señala los deberes: inversión y maquinaria y reflexión fitosanitaria.