EMPRENDIMIENTO
Sobre los pasos de Cleopatra
Es una empresa salmantina que produce cosméticos cuyo ingrediente estrella es la leche de burra, la única que tiene «los mismos anticuerpos que la materna»

Elsa García posa con una de las integrantes de su explotación en el municipio salmantino de Sieteiglesias de Tormes.-NEATHEA
Los rituales de belleza no son cosa de nuestros días. Las orillas del Nilo fueron testigos en la Antigüedad del culto que los egipcios le procesaban, en aras de preservar una eternidad de la que sí se apoderaron sus mejores secretos. Como el que escondían los ojos ahumados de Nefertiti, con un eyeliner que no solo cumplía una función estética sino también higiénica como barrera contra infecciones. O el que hidrataba la piel de Cleopatra, cuyos baños en leche de burra todavía hoy son imitados, como ya hicieron Popea o Napoleón.
Su legado aún perdura. La materia prima de este equino ha sido recetada, sin necesidad de prescripción médica, como remedio natural para ciertas afecciones respiratorias e intestinales o como escudo para sistemas inmunológicos debilitados. Sus beneficios en cosmética son una fama que también le preceden y la curiosidad por los mismos se despertó en Sieteiglesias de Tormes hace tres años. Elsa García y su madre decidieron incorporar este ingrediente en las fórmulas con las que la segunda fabricaba cremas y jabones sobre la base que le proporcionaban sus estudios de Farmacia. La buena respuesta de este ensayo escribió el prólogo de esta historia. La de una ingeniera de caminos que en 2016 vuelve a casa, tras una travesía por el extranjero, donde las oportunidades laborales de su rama no le estaban precisamente esperando. Retroceder en su carrera profesional no era una opción y, cogiendo impulso, sentó las bases de Neathea. Su empresa toma prestado el segundo nombre de Cleopatra, que en la etimología egipcia significa Nueva Diosa, haciendo «referencia a esa primera histórica en el uso de la leche de burra en cosmética».
Los cimientos de este proyecto no tienen una tradición o arraigo familiar, sino que se sientan sobre idas y venidas durante más de diez meses a concursos en los que comenzaron sus conquistas, las que hicieron posible que en octubre de 2017 esta marca lanzase su primera línea de productos con jabones y bálsamos labiales. Dos años después, y con mucho esfuerzo a sus espaldas, Neathea cuenta con 33 referencias en el mercado y está presente en más de un centenar de puntos de venta en el ámbito nacional. «Ha sido una evolución muy rápida», reconoce su impulsora con vértigo y convencimiento a partes iguales.
Antes de continuar indagando en esta historia, es preciso volver a repasar su prólogo para entender por qué la leche de burra es el ingrediente estrella de una treintena de artículos. Su eficiencia en cosmética radica, en primer lugar, en su alto contenido de vitamina A. También conocida como retinol, «estimula la producción de colágeno y aporta firmeza a la piel». Por este poder antioxidante, resulta «un activo muy importante para productos antienvejecimiento».
Esta carta de presentación ya era conocida y lo que realmente llamó la atención a Elsa en sus pesquisas es el proceso de obtención. «La burra solo da leche cuando está amamantando a sus crías; a diferencia de las ovejas, vacas o cabras, a las que se separa del ternero al segundo día de parirlo y por estimulación continúan produciendo», concreta antes de desvelar que este vínculo devuelve la «única leche que, como la materna, contiene inmunoglobulinas y lisozimas que ayudan a reforzar las defensas internas, si se ingiere, así como las de la piel». En este segundo caso, es una buena aliada para las «más sensibles y reactivas» con problemas de psoriaris, eccemas o determatits al «fortalecer la barrera hidrolipídica, su capa más externa, impidiendo la pérdida de humedad y manteniendo la hidratación natural durante más tiempo».
EXPLOTACIÓN
La meta en estos dos primeros años de andadura ha sido, concreta esta salmantina, blindar una «gama suficiente», que ha crecido al abrigo del nombre Albanatura, para entrar en sus puntos de venta objetivo: los centros de estética. En paralelo a la consecución de este reto, en Sieteiglesias se ataban los cabos agrícolas y ganaderos con la preparación de unas instalaciones para el ordeño que le permitirá despedir el año con todo el proceso internalizado; y la conversión de unas tierras a ecológico para cultivar alfalfa, avena y cebada con la que alimentar a sus inquilinas. «Hemos ido aprendiendo poco a poco el manejo animal porque es algo novedoso», cuenta Elsa para poner como prueba de la novedad que envuelve su iniciativa a la Consejería del ramo: «No sabían muy bien dónde clasificarnos porque no somos una industria láctea de vacuno ni una explotación de carne».
El rigor propio de una ganadería ecológica en extensivo guía desde el primer paso un proyecto «muy sostenible» en el que de los diez u once litros diarios de leche que da cada una de sus siete burras en producción, Neathea toma prestados dos para que con el resto sigan amamantando. El objetivo final de este reparto es «contribuir al mantenimiento de una raza en peligro de extinción».
La certificación ecológica de la cosmética sigue un patrón distinto al de la alimentación. Elsa explica que cada uno de los componentes de sus cremas, bálsamos y labiales cuenta con el sello que emite el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. A mayores, todos sus productos así como las buenas prácticas de su laboratorio son validados por Bioinspecta. Esta certificadora clasifica su empresa de «primera categoría» con la mención especial Ecoplus, distintivo que reconoce que todos sus productos están «por encima del 95% de ingredientes ecológicos».
Si el secreto de Cleopatra estaba en sus baños de leche de burra, ¿cuáles son los de Neathea? A la alimentación y el manejo animal, su impulsora suma la raza. La zamorana-leonesa. A esta selección le precede el análisis de «todas las existentes en España y en Portugal», del que ésta salió vencedora al presumir de una leche con «un porcentaje elevado de anticuerpos y uno mínimo de grasa». Otro aspecto clave, añade, es el procedimiento industrial que sigue al ganadero hasta convertir lo ordeñado en polvo, preservando sus propiedades.
Por su bajo y buen contenido en grasa, porque presume de «la mitad que la leche desnatada, siendo más del 50% de la misma ácidos como omega 3 y 6», también tiene aplicaciones en nutrición. De hecho, en los hornos de Sieteiglesias ya hay una línea con marca registrada: Biolactea. Llegará avalada por un «ensayo clínico que demuestra las ventajas de su consumo para población envejecida». El tiempo de estudio, señala esta ingeniera, fueron seis meses en los que 30 integrantes de una residencia de ancianos bebieron un vaso diario de leche de burra y otros 30, uno de vaca. Transcurrido ese medio año, se les hizo una analítica en la que quedaron patentes «una rebaja del colesterol en aproximadamente 15 puntos y una enorme subida de su respuesta inmune».
A esta primera fase, le seguirá en breves una segunda para constatar los efectos en otros targets poblacionales. Con estos resultados testados en la mano, Neathea podrá adentrarse en un futuro «bastante próximo» en el lanzamiento de complementos alimenticios y minibricks que cubran «necesidades concretas de bebés, deportistas o personas mayores», entre otras. Pero antes de sumergirse de lleno en el campo de la alimentación, Elsa continuará con sus investigaciones. «Quiero demostrar hasta qué punto algo que sabemos que es bueno realmente lo es», apunta con firmeza tras insistir en que se trata de la «única leche que contiene las mismas lisozinas y inmunoglobinas que la materna». De ahí, que se merezca la continuidad y el tesón de los estudios de esta ingeniera cuyo modus operandi dirige el máximo rigor.
COMERCIALIZACIÓN
Los intermediarios no tienen cabida en una distribución directa, que busca preservar el calor de puerta a puerta. Neathea no confía la comercialización a terceros en su afán por proteger unos productos que entiende «muy especiales por su calidad, por ser cien por cien ecológicos y por tener una eficacia probada». Asimismo, su fundadora considera muy importante que el mensaje que envuelve a «todo el proceso sostenible que hay detrás» llegue a las tiendas a las que vende e incluso al cliente final. Para que este mensaje cale, la marca salmantina imparte charlas y recorre distintas ferias para darse a «conocer de tú a tú» y transmitir en primera persona el «valor que tiene el proyecto».
De momento, esta empresa se defiende en el ámbito nacional pero sin perder de vista la idea de negocio con la se engendró: la internacionalización. El primer salto a este nivel lo hará en febrero, cuando asista con su línea de cosméticos a BioFach en Nuremberg, la feria ecológica más grande del mundo. Elsa confía en que este evento sea su pistoletazo de salida hacia otros países de Europa. En su diana de objetivos ubica a Alemania porque «más de tres décadas» les avalan como consumidores ecológicos. También guarda un hueco para Francia e Italia por «su cultura de la cosmética y la estética».
Sin pausa pero sin prisa, esta ingeniera de caminos enamorada de los animales allana el suelo antes de dar cualquier paso para evitar que sea en falso. Primero, insiste, porque el manejo de la burra «no es el mismo que el de una vaca o una oveja». Por ello, quiere empaparse de conocimiento de la especie en sí, y de cada una de sus integrantes en particular, para ir creciendo a su compás. A medio plazo, con los motores de su granja de ordeños arrancados, cifra el blindaje de la línea de cosmética en una treintena de burras en producción. No descarta un aumento de la explotación si al dar el salto internacional encuentra «una oportunidad grande». Será necesario un replanteamiento, en cualquier caso, cuando la gama de la nutrición sea una realidad. «No es lo mismo la leche que necesita una crema de 50 mililitros que dura dos meses, que un brick que se bebe cada día», compara para aseverar que el crecimiento será «paulatino y orgánico, con mucho respeto y sin descuidar lo más importante: su ingrediente principal».
El de Elsa es un ejemplo de manual de mujer emprendedora en el medio rural. El único tanto que ella se apunta es el de haber levantado «un proyecto integral desde cero» con sus correspondientes «equilibrios diarios». Descarta que el empredimiento en un pueblo requiera un «esfuerzo excesivo» y, al menos en su caso, la «satisfacción personal» que le devuelve su trabajo ha compensado desde el primer minuto «el riesgo, las solicitudes de financiación, el aval con bienes propios, los fines de semana sin descansar o los dos años sin cobrar ni un euro». Pequeños baches como los que sigue y seguirá saltando «sin ninguna duda» de que esa idea que formuló mano a mano con su madre «va a salir bien».