AGRICULTURA
Los maquinistas del campo
David y Juan José Adalia cosechan para terceros y ansían gestionar su propia explotación

Los hermanos Juan José y David Adalia González con su cosechadora en una explotación de Villán de Tordesillas (Valladolid), su pueblo.-M. C.
No hay descanso. Juan José y David Adalia González se levantan temprano para preparar la máquina con la que luego segarán las cebadas. Por delante, más de catorce horas de trabajo en una campaña de lunes a domingo, pendientes constantemente de las llamadas de los ‘clientes’ que «apremian» la llegada de la cosechadora a su explotación.
Vinculados al campo desde niños, estos dos hermanos, de 26 y 30 años de edad respectivamente, son hijos de agricultor, trabajan por cuenta propia y se dedican a hacer trabajos para terceros, en este caso la siega.
La falta de tierras ha impedido que, por el momento, cuenten con su propia explotación, aunque siempre han estado ligados al sector agrario trabajando en las campañas de verano y ayudando en la labranza familiar, de unas setenta hectáreas. En 2009 compraron una cosechadora de segunda mano para segar cereal, una máquina que han sustituido hace solo tres años por una nueva, con una inversión que asciende a los 250.000 euros. Un riesgo empresarial que Juan José pone de manifiesto, consciente de que «hay que hacer bien las cosas» y eso obliga a modernizarse e invertir. Una mentalidad que difiere probablemente de la posición conservadora familiar.
Los dos hermanos son naturales de Villán de Tordesillas, pueblo donde viven y de dónde nunca han querido marcharse. «Siempre hemos tenido las cosas muy claras», explica Juán José, que sigue «ilusionado» con encontrar las tierras necesarias que les permitan complementar las labores de cosecha.
Este joven emprendedor planea incorporarse este año al sector agrario. De hecho, ya ha iniciado el papeleo para el que cuenta con el asesoramiento de la UCCL. Reconoce que no es «fácil» y que la burocracia es «excesiva» en muchos momentos. Aún así, ni siquiera estas trabas minan su empeño por ser agricultor profesional y vivir de sus producciones. De momento, se ha hecho con unas tierras en Torrecilla de la Abadesa, el pueblo de su madre. Son pocas hectáreas, aunque no cesa en su deseo de integrarse plenamente a un sector en el que cada año suben los costes de producción y en el que el agricultor «necesita cada vez más terreno para obtener el mismo beneficio», como denuncia David. No será una empresa sencilla.
En relación a la campaña de siega en la que están inmersos, reconocen que lo peor de estos días no es ni el sueño ni el cansancio que soportan diariamente, sino las «prisas» ya que «todos quieren que acudas a sus tierras en el menor tiempo posible», y eso supone una presión añadida e «intentar hacer las cosas lo mejor posible», asegura Juan José. Llevan sin parar de trabajar desde el uno de julio, son treinta días sin pausa. Antes, en junio, cosecharon algo de legumbre de forma puntual.
El orden de cosecha lo establece el cultivo y la prioridad, ya se hable de guisante, cebada, lenteja o trigo. La semana ha comenzado bien, es decir, no hay riesgo de tormenta y, por tanto, estos dos hermanos confían en que las labores que desarrollan en la zona de Tordesillas se realicen con normalidad.
Nadie está exento de averías, así que cruzan los dedos para que, de producirse algún contratiempo, éste se resuelva lo antes posible. Y es que, en este caso, lo mejor de las máquinas automatizadas puede ser también lo peor. El hecho de que sea un ordenador el que regule todo el proceso de siega: cribas, trilla, velocidad ….obliga a que los percances electrónicos exijan de la intervención de un profesional, lo que supone también una presión mayor para estos dos hermanos. De lo que no hay duda, es de que gracias a esta inversión «sacan más rentabilidad y siegan algo más», siempre en las mejores condiciones debido a los sistemas de nivelación y corte.
De momento, confían en aguantar estos 30 días ‘mimando’ su herramienta de trabajo que les llevará también en el mes de septiembre hasta Badajoz, a la siega del maíz.
La campaña de cereal va bien en Valladolid, y eso es algo que constatan estos dos ‘maquileros’. Habitualmente cosechan unas cuarenta hectáreas al día, una cifra que se ha visto rebajada este año hasta las 30-35 hectáreas debido a que «hay mucha paja y más grano», lo que obliga a descargar con mayor frecuencia, como explica Juan José. En Villán de Tordesillas las cebadas están dando unos 5.000 kilos por hectárea, por encima de la media. «Es una zona con buenas producciones y con abonados fuertes». En este sentido, tanto Juan José como David señalan las circunstancias de los precios, con una tendencia a la baja.
Sobre su trabajo al mando de la cosechadora, saben que la «competencia» aumenta cada año, especialmente con la crisis. Y es que hay muchas explotaciones que «se quedan pequeñas» para más de una familia y cuyos miembros se han visto obligados a realizar también trabajos para terceros que cubran la vuelta al campo de estos jóvenes sin empleo.
Por otra parte, como destaca David, «no hay dos años iguales», coyuntura que aumenta la incertidumbre cada campaña. Los precios del maíz han bajado, así que no hay certeza sobre las hectáreas que van a trabajar en Extremadura y, después en la campaña de Castilla y León.
Por eso, estos dos hermanos naturales de Villán tienen claro que es necesario compatibilizar las labores a terceros con el trabajo propio en el campo. Esa es su ambición, a pesar de las dificultades. Empezaron ayudando en la labranza a su padre, estudiando y trabajando, y esperan poderse instalar y montar su explotación en el futuro.
De momento, afrontan la época más estresante del año y no pierden la ilusión. Les gusta vivir en el pueblo y trabajar en el campo, dedicación en la que están volcados casi todo el año. Tras la campaña en Castilla y León, bajarán a Extremadura al maíz, y después retomarán la campaña de invierno en la Comunidad hasta febrero, con una pequeña parada en diciembre. A partir de ese momento y hasta el mes de junio, habrá unos meses de pausa hasta que la cosechadora vuelva a funcionar y regrese al campo.
En todo es tiempo, no dejarán de atender y apoyar a su padre, buscar tierras para incorporarse y seguir apostando por un futuro vinculado a la agricultura, y al que muestra apego desde niños.